Un terremoto puede representar una experiencia profundamente estresante. Incluso cuando una persona se encuentra físicamente a salvo, el organismo puede permanecer en estado de alerta durante horas o días después del evento.
El miedo, la angustia, los problemas para dormir, las palpitaciones, los temblores, los mareos, la dificultad para concentrarse y los recuerdos intrusivos pueden formar parte de las respuestas iniciales ante una situación que el cerebro interpreta como una amenaza.
Especialistas en salud mental señalan que estas manifestaciones no significan necesariamente que una persona esté desarrollando un trastorno psicológico. En muchos casos, son respuestas normales del organismo después de vivir una experiencia potencialmente traumática.
El cuerpo puede permanecer en estado de alerta
Durante un terremoto, el organismo activa mecanismos de supervivencia para responder rápidamente al peligro. Una vez que el movimiento termina, esa respuesta no siempre desaparece de inmediato.
Por esta razón, algunas personas pueden experimentar hipervigilancia, sobresaltos ante ruidos o movimientos, temor a que ocurra otro sismo, sensación de que el suelo continúa moviéndose o dificultad para regresar a sus actividades habituales.
También pueden presentarse síntomas físicos como palpitaciones, temblores, opresión en el pecho, alteraciones del sueño, cambios en el apetito, dolores de cabeza o problemas gastrointestinales. “Fisiológicamente, el cuerpo puede reaccionar con palpitaciones, temblores, opresión en el pecho, alteraciones del sueño y dificultad para concentrarse”, explicó la psicóloga Nathalia Patricia Rey Gómez.
La especialista enfatizó que estas manifestaciones, por sí solas, no significan que la persona esté perdiendo el control ni que haya desarrollado inmediatamente un trastorno mental.
No existe una única manera de reaccionar ante un terremoto. Algunas personas pueden sentir miedo intenso, mientras que otras pueden experimentar tristeza, confusión, bloqueo emocional o incluso permanecer aparentemente tranquilas durante las primeras horas. También pueden aparecer recuerdos intrusivos, pesadillas, dificultad para concentrarse o pensamientos anticipatorios relacionados con la posibilidad de que vuelva a ocurrir un evento similar.
La experiencia puede ser particularmente difícil para quienes han perdido familiares, viviendas, pertenencias o una parte importante de su proyecto de vida. En estos casos, la respuesta emocional puede combinarse con procesos de duelo y adaptación. “Apoyar sin revictimizar implica respetar el silencio, acompañar con gestos sencillos y no juzgar la manera en que cada persona expresa su sufrimiento”, señaló Rey Gómez.
La importancia de los primeros auxilios psicológicos
Durante las primeras horas y días después de una emergencia, los primeros auxilios psicológicos pueden contribuir a brindar seguridad y contención emocional.
Su objetivo no es obligar a la persona a hablar sobre lo ocurrido ni acelerar su proceso emocional. Se trata de ofrecer escucha, acompañamiento, información clara y conexión con redes de apoyo familiares, comunitarias o profesionales. También puede ser útil recuperar progresivamente algunas rutinas, mantener contacto con personas de confianza, cuidar el descanso, realizar respiraciones pausadas y limitar la exposición constante a imágenes, videos y noticias relacionadas con la tragedia.
Después de un desastre, familiares y amigos pueden intentar ayudar invitando a la persona a hablar sobre lo sucedido. Sin embargo, los especialistas recomiendan respetar los tiempos individuales. No todas las personas necesitan hablar inmediatamente sobre lo ocurrido. Escuchar sin juzgar, acompañar en silencio y evitar frases que minimicen el miedo o el dolor también son formas de apoyo.
Además, mantener una exposición constante a redes sociales puede incrementar la ansiedad. La recomendación es informarse a través de fuentes confiables, pero evitar convertir la búsqueda de información en una vigilancia permanente sobre posibles réplicas, daños o nuevas tragedias.
¿Cuándo es necesario buscar ayuda profesional?
La mayoría de las reacciones emocionales iniciales pueden disminuir progresivamente. Sin embargo, es importante prestar atención cuando los síntomas son muy intensos, persisten o interfieren con la vida cotidiana.
Se recomienda buscar acompañamiento de un profesional de salud mental cuando una persona:
- Presenta insomnio persistente o no consigue descansar.
- Tiene ataques de pánico o ansiedad intensa.
- No puede comer, trabajar o realizar sus actividades habituales.
- Permanece en un estado constante de alerta.
- Evita lugares o situaciones por miedo a que vuelva a ocurrir un terremoto.
- Presenta recuerdos intrusivos o pesadillas persistentes.
- Se aísla de familiares y amigos.
- Experimenta sentimientos de desesperanza o pérdida del sentido de la vida.
La diferencia entre una reacción esperable y una situación que requiere evaluación profesional está relacionada no solo con el síntoma, sino también con su intensidad, duración y el impacto que tiene sobre la vida de la persona.
La recuperación emocional después de un terremoto no ocurre de manera inmediata. Para algunas personas puede requerir días; para otras, semanas o meses, especialmente cuando existen pérdidas importantes. Retomar gradualmente las rutinas, mantenerse cerca de redes de apoyo, expresar las emociones y buscar ayuda profesional cuando sea necesario pueden contribuir a reconstruir la sensación de seguridad y bienestar.
Un terremoto puede terminar en cuestión de segundos, pero sus efectos emocionales pueden prolongarse mucho más. Reconocerlos, hablar de ellos y saber cuándo pedir ayuda también hace parte de la respuesta ante una emergencia.









