Infección fúngica provoca nódulos de 12 cm y alopecia

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La biopsia reveló gránulos fúngicos en tejido profundo, un hallazgo clave para diferenciar el eumicetoma de otras enfermedades inflamatorias e infecciosas del cuero cabelludo.

Durante seis años, un hombre de 27 años desarrolló nódulos progresivamente más grandes, dolorosos y con secreción intermitente en el cuero cabelludo. Las lesiones llegaron a formar una masa de aproximadamente 12 cm, acompañada de alopecia y áreas de cicatrización, sin fiebre, pérdida de peso ni otros síntomas sistémicos.

La exploración física reveló múltiples nódulos blandos y coalescentes en las regiones parietal y occipital izquierdas, con costras serohemorrágicas y zonas de alopecia cicatricial. Ante la evolución prolongada y el drenaje recurrente, se sospechó una enfermedad infecciosa o inflamatoria profunda y se realizó una biopsia para estudiar el tejido y buscar el agente causal.

El análisis histopatológico identificó gránulos fúngicos dentro de un proceso inflamatorio granulomatoso supurativo, mientras que la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) detectó Candida zeylanoides y Candida lusitaniae. Estos hallazgos respaldaron el diagnóstico de eumicetoma, una forma de micetoma causada por hongos.

El micetoma es una infección crónica y progresiva de la piel y el tejido subcutáneo. Puede ser causado por bacterias filamentosas —actinomicetoma— o por hongos —eumicetoma—. Clásicamente, se manifiesta mediante una tríada de aumento de volumen, trayectos con drenaje y presencia de gránulos. Aunque afecta con mayor frecuencia los pies y las extremidades inferiores, también puede aparecer en localizaciones inusuales, como el cuero cabelludo.

Entre los diagnósticos diferenciales se encuentran la celulitis disecante del cuero cabelludo, el querion por dermatofitos, la tuberculosis cutánea y la botriomicosis. Estas enfermedades pueden producir nódulos, inflamación, secreción y alopecia, por lo que la apariencia clínica no siempre permite distinguirlas. La identificación de los microorganismos en el tejido resulta fundamental para diferenciar las infecciones fúngicas de las bacterianas y orientar el tratamiento.

El paciente inició itraconazol oral durante un periodo prolongado y presentó mejoría clínica, aunque persistieron lesiones cicatriciales con superficie nodular. La duración del tratamiento y la posibilidad de recurrencia dependen de la extensión de la infección y de la respuesta terapéutica; en determinados casos puede considerarse el abordaje quirúrgico.

El caso destaca la importancia de incluir el eumicetoma entre las posibilidades diagnósticas ante lesiones nodulares crónicas, supurativas y asociadas con alopecia, incluso cuando aparecen fuera de las localizaciones habituales. La biopsia y la confirmación microbiológica o molecular son esenciales para establecer el diagnóstico y evitar tratamientos dirigidos a enfermedades con manifestaciones similares.

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