El dolor articular y la rigidez pueden intensificarse durante la transición menopáusica, pero “no todas las molestias musculoesqueléticas son consecuencia de los cambios hormonales”, explicó la Dra. Ileana Rivera, reumatóloga. La disminución del estrógeno puede modificar la respuesta inflamatoria del organismo y coincidir con la aparición o reactivación de enfermedades autoinmunes, por lo que distinguir ambos escenarios resulta fundamental para orientar el tratamiento.
La experta explicó que el estrógeno cumple una función importante en la regulación del sistema inmunológico. “Mientras estamos en la edad premenopáusica, cuando ese estrógeno está adecuado, tenemos más efecto antiinflamatorio y cuando vamos ya pasando en esta transición, ya tenemos un efecto más proinflamatorio”, señaló.
El papel del estrógeno en la inflamación
El estrógeno tiene receptores en distintos tejidos, incluido el sistema musculoesquelético, y participa en la modulación de la respuesta inmunológica. Durante la transición menopáusica, sus niveles disminuyen y pueden producirse cambios en la actividad de las citoquinas, moléculas involucradas en los procesos inflamatorios.
Según la reumatóloga, “esta etapa puede acompañarse de mayor rigidez, molestias articulares y manifestaciones musculoesqueléticas”. Además, la transición suele coincidir con edades en las que pueden comenzar a manifestarse algunas enfermedades autoinmunes, aproximadamente entre los 40 y 55 años.
La rigidez matutina es una señal de alerta
Uno de los aspectos que la reumatóloga evalúa es cuánto tiempo dura el entumecimiento al despertar. Una rigidez matutina que persiste durante más de una hora, especialmente cuando dificulta comenzar las actividades habituales, puede justificar una evaluación más detallada.
“Si la paciente dice ‘por la mañana me levanto más entumecida, este entumecimiento dura más de una hora, necesito calentar más día a día para poder ejercer mi día’, es una de las alertas que yo verifico”, explicó la especialista.
También es importante observar si existe inflamación de las articulaciones pequeñas, afectación simétrica y disminución del rango de movimiento. Estos hallazgos pueden orientar la sospecha de una enfermedad inflamatoria y requieren valoración clínica, especialmente cuando persisten o progresan.
El examen físico permite diferenciar las causas
La evaluación no se limita a identificar dónde duele. La especialista explicó que analiza la presentación de los síntomas, su duración y el patrón de las articulaciones comprometidas. Durante la consulta, se examinan las manos y se verifica si existe inflamación, rigidez o limitación del movimiento.
“No le puedo dar toda la atribución a la parte de la menopausia”, advirtió la reumatóloga al explicar que algunas pacientes pueden experimentar simultáneamente cambios asociados a la disminución hormonal y actividad de una enfermedad autoinmune.

Esta distinción es especialmente importante en mujeres con diagnósticos previos de artritis reumatoide o lupus, que pueden notar un aumento de las molestias durante esta transición. En esos casos, el tratamiento hormonal no sustituye la terapia dirigida a controlar la inflamación articular de origen autoinmune.
La reumatóloga resumió que “lo más importante es escuchar a las pacientes y ver hasta qué punto puedo atribuir los síntomas”. La transición menopáusica no debe convertirse en una explicación automática para todo dolor articular. La duración de la rigidez, el patrón de inflamación y los hallazgos del examen físico ayudan a identificar cuándo las molestias requieren una evaluación reumatológica.









