El tratamiento del cáncer de pulmón ha experimentado una transformación significativa durante los últimos años gracias a los avances en oncología de precisión, una estrategia que permite identificar las características moleculares del tumor para orientar las decisiones terapéuticas.
Según explicó la Dra. Omayra Reyes Santiago, hematóloga oncóloga de adultos, estos avances han modificado la forma de abordar la enfermedad, al reconocer que dos pacientes con un mismo diagnóstico pueden presentar alteraciones moleculares diferentes y, por consiguiente, requerir tratamientos distintos. “Hoy día tratamos el cáncer de pulmón completamente diferente a lo que lo tratábamos probablemente hace 10 o 15 años. Actualemente hacemos con el cáncer de pulmón principalmente lo que llamamos oncología o medicina personalizada”.
Un mismo diagnóstico, diferentes características tumorales
La clasificación molecular permite identificar alteraciones genéticas y biomarcadores que pueden influir en la selección de terapias dirigidas, inmunoterapia y otras alternativas de tratamiento. “Esto quiere decir que no todos los pacientes tienen un perfil de tumor igual, aunque tengan el mismo nombre”, explicó la Dra. Reyes Santiago.
La especialista destacó que las características moleculares pueden orientar las decisiones clínicas incluso antes de una intervención quirúrgica, dependiendo del tipo y la etapa del cáncer. “Incluso en etapas tempranas de tumor podemos empezar por estos marcadores a tratar el paciente desde antes de operarlo”. Este abordaje puede favorecer respuestas patológicas completas en determinados escenarios clínicos, cuando no se identifica tumor viable en la muestra evaluada después del tratamiento preoperatorio.
Uno de los cambios más relevantes se observa en algunos pacientes con cáncer de pulmón en etapa IV, en quienes la enfermedad se ha extendido a otras estructuras, como los huesos, el hígado o el cerebro.
La Dra. Reyes Santiago contrastó las expectativas históricas de supervivencia con los resultados que pueden alcanzarse actualmente en determinados pacientes con alteraciones moleculares susceptibles de tratamiento. “Antes, en general, un paciente de cáncer de pulmón etapa cuatro podía tener un estimado de vida alrededor de los 12 a los 15 meses”.
Sin embargo, la especialista añadió que “hoy día pacientes con biomarcadores positivos, dependiendo el biomarcador y la tolerancia al mismo en el tratamiento, pueden vivir hasta 5 años o más”. Esta posibilidad no representa una expectativa uniforme para todos los pacientes con enfermedad metastásica. El pronóstico depende de factores como la alteración molecular identificada, el tipo histológico, la respuesta terapéutica y las condiciones clínicas individuales.
Biomarcadores que orientan la inmunoterapia y las terapias dirigidas
Para identificar las alternativas terapéuticas, la evaluación del tumor puede incluir pruebas de expresión de PD-L1 y análisis de alteraciones moleculares relacionadas con la proliferación de las células cancerosas. La expresión de PD-L1 puede contribuir a orientar determinadas estrategias de inmunoterapia, mientras que alteraciones como las de EGFR, ALK y otros genes pueden identificar candidatos para tratamientos dirigidos. Estas pruebas son especialmente relevantes en el cáncer de pulmón de células no pequeñas.
La especialista explicó que la información molecular obtenida a partir de la biopsia resulta fundamental para seleccionar los medicamentos. “La biopsia es fundamental para poder establecer qué biomarcadores tiene el paciente”.
La elección del tratamiento también debe considerar la extensión tumoral, localización de la enfermedad, función pulmonar y enfermedades concomitantes, factores que pueden determinar la posibilidad de recibir cirugía, radioterapia, quimioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas. Estos avances reflejan un cambio en el abordaje del cáncer de pulmón: el tratamiento ya no depende únicamente de dónde se encuentra el tumor, sino también de sus características biológicas.









