Fisiopatología de la obesidad: cómo interactúan cerebro, microbiota intestinal y tejido adiposo

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Dra. Margarita Ramírez, endocrinóloga y catedrática del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico . Foto original de PHL.

Durante muchos años, la obesidad fue explicada principalmente como el resultado de comer en exceso y realizar poca actividad física. Sin embargo, los avances científicos de las últimas décadas han revelado que esta condición es mucho más compleja y que involucra una estrecha interacción entre distintos sistemas del organismo.

La Dra. Margarita Ramírez, endocrinóloga y catedrática del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, explica que actualmente se entiende la obesidad como una enfermedad que involucra la comunicación entre el cerebro, el intestino, la microbiota intestinal y el tejido adiposo, un sistema que regula procesos clave como el hambre, la saciedad, el metabolismo y el almacenamiento de energía.

“Antes se pensaba que la obesidad era simplemente comer demasiado o no tener autocontrol. Hoy sabemos que existen problemas neuroendocrinos, genéticos y metabólicos que pueden hacer que para muchas personas sea mucho más difícil perder peso”, explica la especialista.

El eje cerebro–intestino–microbiota

Uno de los descubrimientos más importantes en el estudio del metabolismo ha sido la existencia del llamado eje cerebro–intestino, una red de comunicación hormonal y neuronal que regula múltiples funciones del organismo.

El cerebro, particularmente el hipotálamo, produce hormonas que influyen directamente en la regulación del apetito y del metabolismo. Situaciones como el estrés o la ansiedad pueden aumentar la producción de cortisol, lo que también tiene efectos metabólicos.

Al mismo tiempo, el intestino alberga una compleja comunidad de bacterias conocida como microbiota intestinal, que cumple un papel fundamental en la digestión, el metabolismo y la regulación del sistema inmunológico. “Se ha visto que si ciertos tipos de bacterias predominan sobre otros en el intestino, esto puede promover el desarrollo de obesidad y también influir en el metabolismo”, señala la endocrinóloga.

Esta relación es bidireccional: el estrés, la alimentación y los cambios hormonales pueden modificar la microbiota, mientras que esta puede influir en el metabolismo y en la regulación del apetito.

El tejido adiposo: un órgano endocrino

Otro de los cambios más importantes en la comprensión de la obesidad ha sido reconocer que el tejido adiposo no es simplemente un depósito de grasa, sino un órgano endocrino activo.

Este tejido produce diversas hormonas y sustancias inflamatorias que participan en la regulación del metabolismo energético, el apetito y la sensación de saciedad. “Antes se pensaba que el tejido adiposo solo almacenaba energía, pero ahora sabemos que produce hormonas que influyen en el hambre y en la saciedad”, explica la Dra. Ramírez. Cuando el tejido adiposo aumenta en exceso, también puede producir sustancias inflamatorias que contribuyen al desarrollo de alteraciones metabólicas, como la resistencia a la insulina.

Además, el tejido adiposo puede producir mediadores inflamatorios que contribuyen al desarrollo de trastornos metabólicos. “El tejido adiposo produce sustancias inflamatorias que también participan en el problema metabólico. Todo está conectado: el cerebro, el intestino y el tejido adiposo”, explica la especialista.

El papel de los factores ambientales

La obesidad también está influida por factores ambientales que han cambiado en las últimas décadas. Entre ellos se encuentran los llamados disruptores endocrinos, sustancias químicas presentes en plásticos y otros productos que pueden interferir con el funcionamiento hormonal del organismo. 

“Hoy estamos expuestos a muchas sustancias químicas que hace 30 años no estaban presentes en el ambiente. Estas pueden alterar las hormonas del cuerpo y afectar los mecanismos de saciedad”, advierte la endocrinóloga.

Estos factores, junto con la genética, el estilo de vida y el entorno social, contribuyen a que la obesidad sea considerada hoy una enfermedad crónica multifactorial. El creciente conocimiento sobre los mecanismos biológicos de la obesidad está transformando también la forma en que los médicos abordan esta enfermedad.

Actualmente, los especialistas enfatizan la importancia de comprender que se trata de una condición compleja, que requiere un enfoque integral que considere factores metabólicos, hormonales, ambientales y psicosociales. “La obesidad es una enfermedad crónica con múltiples causas. Hay factores genéticos, metabólicos, ambientales e incluso psicosociales que influyen en su desarrollo”, concluye la Dra. Margarita Ramírez.

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