El deterioro cognitivo asociado a la quimioterapia —conocido comúnmente como “cerebro de quimioterapia”— es una de las preocupaciones más frecuentes entre los pacientes con cáncer. Este fenómeno puede manifestarse como dificultades de memoria, concentración o claridad mental, y afectar la vida cotidiana, el trabajo y las relaciones sociales durante el tratamiento.
Una investigación publicada en marzo de 2026 en JNCCN—Journal of the National Comprehensive Cancer Network sugiere que los programas de ejercicio estructurado podrían ayudar a reducir estos síntomas en pacientes que reciben quimioterapia.
El estudio, un ensayo clínico multicéntrico de fase III, incluyó a 687 pacientes de 20 centros oncológicos comunitarios en Estados Unidos. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a recibir su tratamiento habitual de quimioterapia o a combinarlo con un programa de ejercicio denominado EXCAP (Exercise for Cancer Patients), que incluía caminatas personalizadas y ejercicios sencillos con bandas de resistencia.
Al finalizar el estudio, los pacientes que participaron en el programa de ejercicio mientras recibían quimioterapia cada dos semanas reportaron menor deterioro cognitivo, mejor percepción de su función mental y menos fatiga mental en comparación con quienes recibieron únicamente el tratamiento oncológico.
Una intervención accesible durante el tratamiento
Además de los beneficios cognitivos, los investigadores observaron que los pacientes que siguieron el programa EXCAP mantuvieron su nivel de actividad física durante el tratamiento, mientras que quienes no participaron en el programa redujeron su actividad de caminar en un 53 %.
Los especialistas señalan que durante la quimioterapia es común que los pacientes disminuyan su actividad física debido a fatiga intensa, debilidad muscular, náuseas u otros efectos adversos del tratamiento. Sin embargo, los resultados sugieren que programas de ejercicio supervisados y adaptados podrían ayudar a contrarrestar algunos de estos efectos.
Según los autores del estudio, intervenciones no farmacológicas como el ejercicio, el entrenamiento cognitivo o la atención plena representan estrategias prometedoras para abordar el deterioro cognitivo asociado al cáncer, ya que suelen ser seguras, accesibles y de bajo costo, e incluso pueden realizarse en el hogar.
En este ensayo, los participantes recibieron instrucciones individualizadas, utilizaron podómetros para registrar sus pasos diarios y llevaron un registro del tiempo dedicado a los ejercicios con bandas de resistencia.
Los investigadores también observaron que los beneficios cognitivos no fueron tan evidentes en pacientes que recibían ciclos de quimioterapia cada tres o cuatro semanas, lo que sugiere que la frecuencia del tratamiento podría influir en la capacidad de los pacientes para mantener la actividad física.
Para los especialistas, estos hallazgos refuerzan la importancia de integrar el ejercicio como parte de la atención de apoyo en oncología, especialmente en pacientes que desean mantener su función cognitiva, independencia y calidad de vida durante el tratamiento.
De hecho, las guías clínicas de supervivencia de la National Comprehensive Cancer Network (NCCN) ya recomiendan la actividad física regular como parte del manejo de los síntomas cognitivos asociados al cáncer, destacando que intervenciones accesibles como el ejercicio estructurado pueden contribuir a mejorar el bienestar físico y mental de los pacientes durante todo el proceso terapéutico.









