El vitiligo es una enfermedad cutánea crónica caracterizada por la pérdida progresiva de melanocitos, las células encargadas de producir melanina, lo que provoca la aparición de manchas despigmentadas en la piel. Se estima que afecta entre 0,5 % y 2 % de la población mundial y puede presentarse en personas de cualquier edad, sexo o fototipo.
Aunque suele asociarse únicamente con un cambio en la apariencia de la piel, los especialistas recuerdan que el vitiligo también puede tener un importante impacto psicológico, favoreciendo la aparición de ansiedad, depresión, aislamiento social y una disminución significativa de la calidad de vida.
El tratamiento debe adaptarse a cada paciente
El manejo del vitiligo depende del tipo de enfermedad, la extensión de las lesiones y la actividad del proceso. En los casos limitados, que afectan menos del 10 % de la superficie corporal, pueden utilizarse tratamientos tópicos, como corticoesteroides o tacrolimus al 0,1 %, este último autorizado a partir de los dos años de edad.
Cuando la enfermedad es más extensa o presenta actividad, pueden emplearse corticoesteroides orales en esquemas intermitentes para estabilizar la progresión y, en algunos casos, inmunomoduladores como metotrexato o ciclosporina.
Uno de los mayores avances ha sido la incorporación de los inhibidores de la quinasa Janus (iJAK), como ruxolitinib, que han ampliado las opciones terapéuticas para favorecer la repigmentación. Además, continúan en investigación otros medicamentos que podrían fortalecer el tratamiento en los próximos años.
La fototerapia continúa siendo un pilar del manejo
Los especialistas recomiendan combinar el tratamiento farmacológico con fototerapia de luz ultravioleta B de banda estrecha (NB-UVB), considerada la estrategia de referencia para estimular la repigmentación.
Cuando esta opción no está disponible, una exposición solar moderada y supervisada puede ser beneficiosa en algunos pacientes, siempre evitando las quemaduras debido a la mayor sensibilidad de la piel despigmentada.
Entre las ideas erróneas más frecuentes está creer que el estrés causa directamente el vitiligo o que no existe un tratamiento eficaz. Aunque el estrés puede agravar la enfermedad en personas predispuestas, no es su causa. Asimismo, las terapias actuales pueden detener la progresión, favorecer la repigmentación y reducir las recaídas, aunque los resultados suelen observarse de forma gradual, generalmente entre seis y 24 meses.
Los expertos también destacan la importancia de explicar que la respuesta varía según cada paciente. Habitualmente, el rostro y el cuello son las primeras zonas en recuperar pigmentación, mientras que las manos y los pies suelen responder con mayor dificultad.
Además del tratamiento médico, los especialistas enfatizan la necesidad de combatir el estigma, brindar información basada en evidencia y mantener expectativas realistas sobre los tiempos de respuesta. Un manejo integral que combine terapias dirigidas, fototerapia y acompañamiento del paciente puede mejorar significativamente tanto los resultados clínicos como la calidad de vida de las personas que viven con vitiligo.









