Cuando una desigualdad produce otra: determinantes psicológicos y sociales de la salud en personas LGBTQ+

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Autor: Caleb Esteban, PhD, Psicólogo Clínico, Asociación de Psicología de Puerto Rico

Las experiencias de las personas LGBTQ+ nos recuerdan que la salud no depende únicamente de factores biológicos o de la atención médica. También está influenciada por determinantes sociales y psicológicos que interactúan constantemente entre sí. La discriminación, la violencia, el rechazo familiar, el estigma, el estrés y las dificultades económicas son ejemplos de factores que pueden afectar profundamente el bienestar de las minorías de orientación sexual e identidades de género.

Estos determinantes rara vez ocurren de manera aislada. Por el contrario, suelen funcionar como una cadena de eventos interconectados. Por ejemplo, una persona LGBTQ+ que experimenta rechazo familiar debido a su orientación sexual o identidad de género puede perder una fuente importante de apoyo emocional y económico. Esto puede aumentar sentimientos de estrés, ansiedad o depresión, dificultar el desempeño académico o laboral y eventualmente afectar su estabilidad económica. A su vez, estas dificultades pueden limitar el acceso a vivienda segura, transportación confiable y otros recursos necesarios para mantener una buena salud y calidad de vida. 

Los determinantes sociales se refieren a las condiciones en las que las personas viven, estudian, trabajan y se desarrollan. Los determinantes psicológicos incluyen factores como el estrés, la ansiedad, la depresión, la autoestima y las estrategias de afrontamiento. Aunque suelen estudiarse por separado, ambos se encuentran estrechamente relacionados. Las experiencias sociales pueden afectar la salud psicológica, y las condiciones psicológicas pueden influir en la capacidad de las personas para acceder y beneficiarse de recursos sociales.

Esta realidad es particularmente importante para las poblaciones LGBTQ+, quienes enfrentan con mayor frecuencia experiencias de discriminación, violencia y exclusión social. Numerosos estudios han documentado que estas experiencias están asociadas con mayores riesgos de problemas de salud mental y peores resultados de salud física a lo largo del ciclo de vida.

Recientemente, nuestro equipo de investigación examinó las disparidades en determinantes sociales y psicológicos de la salud entre personas LGBTQ+ y personas cisheterosexuales en Puerto Rico. Los resultados mostraron que las personas LGBTQ+ reportaron peores condiciones relacionadas con la vivienda, la transportación y el entorno vecinal. Asimismo, presentaron niveles significativamente más altos de ansiedad, depresión y estrés percibido.

Los hallazgos también revelaron mayores experiencias de violencia y discriminación. Las personas LGBTQ+ reportaron con más frecuencia haber sido hostigadas en la calle, seguidas mientras caminaban, insultadas, golpeadas, violentadas sexualmente y acosadas en contextos escolares. También reportaron más experiencias de discriminación relacionadas con su orientación sexual, identidad de género y otras características personales.

Estos resultados sugieren que las desigualdades en salud observadas en las poblaciones LGBTQ+ no son producto de factores individuales aislados. Más bien, parecen desarrollarse dentro de una red de determinantes sociales y psicológicos que se influyen mutuamente. Por ejemplo, las experiencias de discriminación pueden limitar oportunidades educativas y laborales, afectar la estabilidad económica y dificultar el acceso a vivienda segura y transportación confiable. A su vez, estas condiciones pueden aumentar la exposición al estrés, la ansiedad y la depresión, generando una acumulación de desventajas que impacta la salud y la calidad de vida.

Esta perspectiva resulta especialmente relevante en el contexto político actual. Tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico se ha observado un aumento en propuestas y políticas dirigidas a restringir derechos previamente reconocidos o a imponer nuevas barreras a las personas LGBTQ+. Desde una perspectiva de salud pública, estas medidas no representan únicamente debates legales o ideológicos, también constituyen determinantes estructurales que pueden aumentar el estigma, legitimar la discriminación y limitar el acceso a oportunidades y recursos fundamentales para la salud. 

Para quienes trabajamos en las profesiones de la salud, estos hallazgos representan un llamado a la acción. Tenemos la responsabilidad ética de reconocer cómo las condiciones sociales, psicológicas y políticas influyen sobre la salud de las personas LGBTQ+, evitando convertirnos en parte de los sistemas que perpetúan las desigualdades. Además, debemos posicionarnos como agentes de cambio mediante prácticas afirmativas. Independientemente de los cambios en el panorama político, las personas LGBTQ+ continuarán enfrentando necesidades particulares de salud y bienestar. Por ello, deben permanecer como una prioridad en nuestros esfuerzos clínicos, educativos, investigativos y comunitarios.

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