La enfermedad de Alzheimer, la forma más frecuente de demencia, continúa siendo uno de los mayores desafíos para la salud pública mundial. Aunque todavía no existe una cura ni un tratamiento preventivo específico, investigaciones recientes han abierto una nueva línea de estudio: el posible efecto protector de algunas vacunas de rutina frente al desarrollo de esta enfermedad.
Diversos estudios observacionales realizados en los últimos años han encontrado que personas vacunadas contra el herpes zóster, la influenza y el virus sincitial respiratorio (VSR) presentan un menor riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes no recibieron estas inmunizaciones.
La vacuna contra el herpes zóster es la que cuenta con mayor evidencia
La evidencia más consistente proviene de la vacunación contra el herpes zóster. Investigaciones realizadas en Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos han mostrado una reducción significativa en el riesgo de demencia entre las personas vacunadas.
Uno de los estudios más recientes, realizado en más de 500.000 adultos mayores, encontró que quienes recibieron al menos una dosis de la vacuna recombinante Shingrix presentaron un riesgo de demencia 5,8 puntos porcentuales menor durante los cuatro años posteriores a la vacunación, en comparación con quienes no fueron inmunizados.
Además, algunos análisis sugieren que este beneficio podría ser incluso mayor en las mujeres, aunque las razones todavía no están completamente claras.
Influenza y VSR también muestran resultados prometedores
La investigación también ha encontrado resultados alentadores con otras vacunas.
En adultos mayores de 65 años, recibir al menos una vacuna contra la influenza se asoció con una reducción cercana al 40 % del riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer durante un seguimiento de cuatro años. Asimismo, las vacunas de alta dosis, recomendadas para personas mayores, parecieron ofrecer una protección superior frente a las formulaciones estándar.
Por otro lado, estudios con la vacuna contra el virus sincitial respiratorio (VSR) mostraron que quienes recibieron esta inmunización permanecieron más tiempo sin recibir un diagnóstico de demencia, especialmente cuando también habían sido vacunados contra el herpes zóster. Los investigadores aún no tienen una explicación definitiva.
Una de las hipótesis plantea que algunas infecciones virales podrían favorecer procesos inflamatorios o afectar directamente al sistema nervioso, aumentando el riesgo de deterioro cognitivo. Otra posibilidad es que ciertos adyuvantes presentes en algunas vacunas estimulen mecanismos del sistema inmunológico que contribuyan a proteger el cerebro.
Sin embargo, los expertos coinciden en que estos mecanismos todavía están siendo investigados y que los resultados no permiten establecer una relación de causa y efecto.
Aunque los hallazgos son alentadores, los especialistas enfatizan que ninguna vacuna está indicada actualmente para prevenir el Alzheimer. La evidencia disponible proviene principalmente de estudios observacionales y todavía se necesitan investigaciones de mayor duración para confirmar estos beneficios.
Por ahora, las recomendaciones para reducir el riesgo de demencia siguen centrándose en mantener un estilo de vida saludable, realizar actividad física, controlar los factores de riesgo cardiovascular, evitar el tabaquismo y cumplir con los esquemas de vacunación indicados para cada grupo de edad.
Los resultados acumulados sugieren que las vacunas podrían ofrecer un beneficio adicional más allá de la prevención de enfermedades infecciosas. No obstante, los investigadores consideran prematuro utilizarlas específicamente como estrategia para prevenir el Alzheimer.
Mientras nuevos estudios aclaran este posible efecto, mantener al día las vacunas recomendadas continúa siendo una medida segura y eficaz para proteger la salud, especialmente en la población adulta mayor.
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