La incontinencia urinaria (IU) no solo afecta la calidad de vida de millones de mujeres, sino que también podría convertirse en una barrera para mantener un estilo de vida activo. Así lo sugiere un estudio publicado en BMJ Open, que encontró una asociación entre la gravedad de la incontinencia urinaria y una menor participación en actividades físicas de intensidad moderada y vigorosa.
Los investigadores observaron que las mujeres con síntomas más severos de incontinencia urinaria tendían a realizar menos ejercicio intenso y, además, muchas reconocieron que esta condición influyó en su decisión de iniciar o continuar una rutina de actividad física.
Alta prevalencia de incontinencia urinaria en la población estudiada

El estudio incluyó a 410 mujeres adultas y personas asignadas al sexo femenino al nacer, mayores de 18 años, residentes en el Reino Unido, quienes respondieron cuestionarios validados para evaluar tanto la gravedad de la incontinencia urinaria como sus niveles de actividad física durante la semana previa.
Los resultados mostraron que el 76,8 % de las participantes reportó algún grado de incontinencia urinaria. Además, la gravedad de los síntomas aumentó conforme avanzaba la edad, evidenciando una relación significativa entre ambos factores. Uno de los hallazgos más relevantes fue que las participantes con incontinencia urinaria grave o muy grave dedicaban considerablemente menos tiempo a realizar actividad física vigorosa que aquellas sin la condición.
En promedio, quienes presentaban los síntomas más severos registraron apenas 120 MET-minutos por semana de actividad vigorosa, frente a 640 MET-minutos entre las mujeres sin incontinencia. También se observó una disminución en la actividad física moderada, prácticamente inexistente en quienes tenían mayor gravedad de la enfermedad.
Aunque el gasto energético total no mostró diferencias significativas entre los distintos niveles de incontinencia, el análisis estadístico reveló que una baja intensidad de actividad física se asoció con mayores probabilidades de presentar niveles más altos de incontinencia urinaria, incluso después de considerar el efecto de la edad.
La incontinencia influye en la decisión de hacer ejercicio

El impacto de la condición también se reflejó en la percepción de las participantes. Cerca de un tercio (32,5 %) afirmó que la incontinencia urinaria influyó en su decisión de comenzar a realizar ejercicio, mientras que el 37,3 % señaló que afectó su decisión de mantener o abandonar la actividad física.
Estos resultados sugieren que el temor a las pérdidas de orina o las molestias asociadas podrían representar un obstáculo para adoptar hábitos saludables. Los investigadores concluyeron que la elevada prevalencia de incontinencia urinaria y su relación con una menor intensidad de actividad física podrían contribuir a que muchas mujeres no alcancen los niveles de ejercicio recomendados para mantener una buena salud.
En ese sentido, señalaron la importancia de desarrollar estrategias que permitan reducir el impacto de esta condición y favorezcan la participación en programas de actividad física adaptados a las necesidades de las pacientes.
Los autores reconocieron que el estudio presenta algunas limitaciones. Entre ellas, señalaron un posible sesgo de autoselección, debido a que la convocatoria pudo atraer a un mayor número de personas con incontinencia urinaria. Además, se recopilaron pocos datos demográficos, lo que limita la generalización de los resultados, y la investigación se centró únicamente en la incontinencia urinaria, sin evaluar otras disfunciones del suelo pélvico. También indicaron que no fue posible descartar respuestas duplicadas por parte de un mismo participante.









