Aunque el tratamiento contra el cáncer suele centrarse en cirugías, quimioterapia, radioterapia o medicamentos, existe otro aspecto que muchas veces pasa desapercibido: la salud mental. Ansiedad, depresión, miedo, cambios en la autoestima e incertidumbre forman parte de una carga emocional que acompaña al paciente desde el inicio del proceso.
Para la Lcda. Maritza Soto, salubrista, científica y sobreviviente de cáncer de seno, atender estas emociones es tan importante como recibir el tratamiento médico adecuado. Durante una entrevista con PHL, explicó que los retos psicológicos no aparecen únicamente cuando termina el tratamiento, sino que comienzan desde el primer día y pueden prolongarse incluso después de haber superado la enfermedad.
«Los retos emocionales empiezan durante el tratamiento»
Uno de los principales mitos que, según Soto, deben romperse es creer que el impacto emocional surge únicamente cuando el paciente termina sus terapias y regresa a su vida cotidiana.
Por el contrario, asegura que las emociones empiezan a transformarse desde las primeras etapas del tratamiento. «Los retos emocionales no empiezan cuando terminas el tratamiento. Estos retos emocionales empiezan durante el tratamiento y pueden presentarse tanto en hombres como en mujeres». Durante ese proceso, explica, el paciente enfrenta cambios físicos, incertidumbre sobre el pronóstico y preocupaciones relacionadas con su imagen corporal, su vida familiar y su futuro.
Los cambios físicos también afectan la autoestima
En el caso de las mujeres, Soto reconoce que uno de los momentos más difíciles suele ser la caída del cabello como consecuencia de la quimioterapia.
Más allá del aspecto estético, explica que este cambio puede afectar profundamente la percepción que una mujer tiene de sí misma. «Nuestro pelo define nuestra cara, define nuestra persona. Por lo tanto, viene toda esta inseguridad cuando se te cae el pelo».
A ello se suman las alteraciones hormonales y otros cambios físicos derivados del tratamiento. «Durante el proceso de tratamiento, ya tu estima propia va en decadencia». Para la especialista, reconocer estas emociones es el primer paso para poder manejarlas de manera saludable. Soto considera que muchas veces se habla poco del impacto psicológico que viven los hombres con cáncer.
Explica que, en enfermedades como el cáncer de próstata, pueden aparecer preocupaciones relacionadas con la masculinidad, la función sexual y la identidad personal, aspectos que suelen mantenerse en silencio por presión social. «Tenemos que ser justos con el varón».
Añade que, debido a los estereotipos culturales, muchos hombres sienten que no pueden expresar sus emociones libremente. «Ellos también pasan por este proceso emocional y eso puede llevarlos a caer en depresión». Por ello, insiste en que la atención emocional debe formar parte del abordaje integral de todos los pacientes, independientemente de su género.
Buscar ayuda profesional también hace parte del tratamiento
Para Soto, uno de los errores más frecuentes es pensar que el paciente debe afrontar solo el impacto emocional del cáncer. Por el contrario, considera que acudir a un profesional de la salud mental debe verse como una herramienta adicional para enfrentar la enfermedad. «Si te encuentras en esa situación, tienes que buscar ayuda».
La sobreviviente explica que el acompañamiento psicológico puede ser determinante para manejar el estrés, la ansiedad y los cambios emocionales que surgen durante el tratamiento. «Posiblemente necesites buscar ayuda profesional durante ese proceso». A su juicio, atender la salud mental permite que el paciente afronte de mejor manera los retos físicos y emocionales que implica la enfermedad.
Otro aspecto que Soto considera fundamental es dejar de exigir fortaleza permanente. Durante el tratamiento, explica, muchas personas sienten la obligación de mantenerse positivas todo el tiempo, cuando en realidad experimentar tristeza, miedo o frustración forma parte del proceso. «Tenemos que darnos permiso de sentirnos mal».
También invita a dejar de lado la idea de que pedir ayuda representa una señal de debilidad. «Tenemos que darnos permiso de pedir ayuda y de tener a alguien a nuestro lado que realmente nos pueda dar la mano en estos momentos». Asegura que compartir las emociones con familiares, amigos o profesionales puede aliviar significativamente la carga psicológica que acompaña al cáncer.
El apoyo emocional fortalece al paciente
Además del tratamiento médico, Soto destaca el papel que desempeñan las personas cercanas durante todo el proceso. Considera que la presencia de un familiar, una pareja o un amigo puede convertirse en una fuente de fortaleza cuando el paciente enfrenta momentos especialmente difíciles. «Un paciente de cáncer necesita tener alguien a su lado porque va a haber días muy difíciles».
Ese acompañamiento, afirma, no consiste únicamente en asistir a las citas médicas, sino también en escuchar, comprender y brindar seguridad emocional. Para la lcda. la atención del cáncer debe contemplar tanto la dimensión física como la emocional.
Reconoce que cada vez existe una mayor conciencia sobre la importancia del bienestar psicológico, pero considera que aún es necesario eliminar el estigma que rodea a la búsqueda de apoyo profesional. «La realidad es que tenemos una vida que seguir viviendo», señala, por lo que afrontar adecuadamente las emociones también forma parte del camino hacia la recuperación.
Maritza Soto concluye que el tratamiento del cáncer no puede limitarse únicamente al control de la enfermedad.
El paciente necesita sentirse acompañado, comprendido y escuchado, además de recibir herramientas para enfrentar los cambios físicos y emocionales que surgen durante el proceso. Para la sobreviviente, cuidar la salud mental no es un aspecto secundario, sino un componente esencial del tratamiento, ya que reconocer las emociones, pedir ayuda cuando sea necesario y fortalecer las redes de apoyo puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de quienes enfrentan un diagnóstico de cáncer.









