«Las mujeres que utilizan medicamentos basados en incretinas deben recibir asesoría personalizada sobre anticoncepción, embarazo y nutrición», concluye un nuevo consenso internacional elaborado por especialistas en endocrinología, obstetricia, nutrición y medicina reproductiva.
Los medicamentos basados en incretinas, como los agonistas del receptor GLP-1 y los agonistas duales GLP-1/GIP, han transformado el tratamiento de la obesidad gracias a su capacidad para promover una pérdida de peso significativa y mejorar el control metabólico. En mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP), además, pueden favorecer la ovulación y mejorar la fertilidad.
Sin embargo, el documento enfatiza que no se recomienda su uso durante el embarazo, debido a la limitada evidencia disponible en humanos y a los hallazgos observados en estudios animales. Aunque los datos actuales indican que la exposición inadvertida durante las primeras semanas de gestación no parece aumentar el riesgo de malformaciones congénitas, los expertos aconsejan suspender el tratamiento tan pronto como se confirme el embarazo.
El consenso también destaca que tirzepatida puede disminuir la eficacia de los anticonceptivos orales, por lo que recomienda emplear métodos anticonceptivos no orales o añadir un método de barrera durante el inicio del tratamiento y después de cada ajuste de dosis.
Otro de los puntos clave es la importancia del acompañamiento nutricional, ya que estos medicamentos reducen el apetito y podrían aumentar el riesgo de deficiencias de vitaminas y minerales, especialmente en mujeres que planean un embarazo, están embarazadas o se encuentran en periodo de lactancia.
Respecto a la lactancia, los autores señalan que la evidencia sigue siendo insuficiente para establecer su seguridad, por lo que recomiendan que cualquier decisión sobre su uso se tome de forma individualizada, valorando cuidadosamente los beneficios maternos frente a los posibles riesgos para el lactante.
Finalmente, el panel subraya la necesidad de equipos multidisciplinarios que incluyan endocrinólogos, obstetras, nutricionistas y otros profesionales para brindar una atención integral, al tiempo que insta a desarrollar estudios que aclaren aspectos aún desconocidos, como los periodos ideales para suspender estos tratamientos antes del embarazo, su impacto sobre el feto y su seguridad durante la lactancia.
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