Uso problemático de sustancias y la urgencia de integrar servicios y cambiar el lenguaje

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Dr. Carlos A. Rivera Lluveras, psicólogo clínico con práctica forense y analista de comportamiento criminal.

El estigma sigue siendo una de las barreras más profundas y persistentes para las personas con un uso problemático de sustancias. Así lo explicó el Dr. Carlos A. Rivera Lluveras, psicólogo clínico con práctica forense y analista de comportamiento criminal, durante una reciente intervención en la que abordó los retos, fallas estructurales y oportunidades de cambio dentro del sistema de salud mental.

Para el especialista, el problema no se limita a la percepción social, muchas personas usuarias terminan internalizando esos juicios, lo que provoca miedo, vergüenza y una notable resistencia a buscar ayuda. “La mayoría de los usuarios también internalizan esas connotaciones negativas, y esto muchas veces les impide pedir ayuda por miedo a los malos tratos que pueden recibir”.

A esto se suma, señaló, que incluso entre profesionales de la conducta humana persisten prejuicios hacia esta población, según estudios recientes.

Educación como herramienta para disminuir el estigma

El Dr. Rivera Lluveras destacó que la educación es una estrategia clave, no solo para la prevención, sino para transformar la narrativa pública sobre el uso de sustancias. “A través de la educación podemos empezar a trabajar con el cambio del lenguaje y sensibilizar a las personas sobre la condición de uso de sustancias”.

Recalcó que es necesario dejar atrás términos deshumanizantes como “adictos” y sustituirlos por un enfoque centrado en la persona, seres humanos con necesidades particulares que merecen apoyo, equidad y acceso a servicios de salud mental.

Uno de los problemas más urgentes, según el experto, es la fragmentación de los servicios públicos y privados. Esto provoca que los usuarios sean rechazados si no cumplen con criterios específicos al momento de solicitar ayuda. “Si la persona llega buscando apoyo y el centro solo atiende trastornos de salud mental, automáticamente queda excluida del servicio”.

El Dr. Rivera Lluveras enfatizó que entre el 70 % y el 75 % de las personas con un uso problemático de sustancias también presentan un trastorno mental concurrente. Por ello, afirma que la integración de servicios debería ser la norma, no la excepción.

Abordar ambos aspectos por separado, advirtió, genera procesos de recuperación más lentos, complicados y propensos a recaídas.

Modelos basados en evidencia

El especialista sostuvo que los profesionales deben estar capacitados en herramientas de cernimiento rápido, entrevistas motivacionales y modelos terapéuticos diversos. “No podemos usar un solo modelo para atender a todas las poblaciones; debemos integrar estrategias y técnicas de distintos enfoques para lograr intervenciones efectivas”.

Entre las alternativas mencionadas destacó la terapia cognitivo-conductual, el manejo de contingencias y la aplicación flexible de técnicas basadas en evidencia según las capacidades y fortalezas de cada persona.

El Dr. Rivera Lluveras subrayó que la visión punitiva y moralizante que históricamente se ha aplicado al uso de sustancias sigue frenando avances importantes.“Seguimos prohibiendo y castigando a los usuarios en lugar de darles el tratamiento que necesitan para una condición crónica y primaria”.

Reiteró que el uso problemático de sustancias no afecta solo a la persona, sino también a la familia, la comunidad y la sociedad. Por eso, insistió, es hora de considerarlo plenamente como un asunto de salud pública y no como una falla moral individual.

Necesidad de datos y evaluación real de los tratamientos

El psicólogo destacó que en Puerto Rico aún no existe un estudio que mida la efectividad de los modelos de tratamiento implementados, lo que limita la capacidad de mejorar y ajustar los servicios. “No podemos decir si un modelo es eficaz sin datos. Necesitamos establecer modelos lógicos de evaluación que nos permitan medir qué funciona y qué no”.

Al cierre, el Dr. Rivera Lluveras reiteró su exhortación a continuar educando, cuestionando enfoques tradicionales y promoviendo cambios estructurales desde la empatía y la ciencia. “El libro Repensando la Adicción es una invitación a cambiar esquemas mentales. Una vez cambiamos nuestra manera de entender el uso problemático de sustancias, podemos transformar la forma en que intervenimos y, con ello, construir un mejor Puerto Rico”.

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