La obesidad infantil y la diabetes tipo 2 se han convertido en dos de los principales retos de salud pediátrica tras la pandemia. Especialistas advierten que el aumento del sedentarismo, el uso excesivo de pantallas y los cambios en la alimentación han acelerado el riesgo cardiometabólico en niños y adolescentes.
“Puerto Rico, a partir de la pandemia, tuvo una alza exagerada de obesidad infantil”, afirma el Dr. Gerardo Tosca, director científico del Congreso Anual de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría. Antes de la pandemia, la prevalencia ya se estimaba entre un 30 % y un 35 % de la población pediátrica.
El especialista explica que la reducción de la actividad física y el aumento del tiempo frente a pantallas favorecen el desarrollo de obesidad y resistencia a la insulina desde edades tempranas. “Estamos más sedentarios, utilizando más pantallas y haciendo menos ejercicio afuera”, señaló el especialista.
La diabetes tipo 2 aparece cada vez más temprano
Uno de los cambios más preocupantes es el aumento de diabetes tipo 2 en niños y adolescentes, una enfermedad que antes se observaba principalmente en adultos. “Estamos viendo un incremento, especialmente de diabetes tipo 2, no tanto diabetes tipo 1, por estas mismas circunstancias”, indicó el director.
Según el especialista, este escenario obliga a incorporar la evaluación del riesgo cardiometabólico como parte del seguimiento pediátrico habitual para prevenir complicaciones futuras.
La prevención comienza cuando el niño está sano
El Dr. Tosca destacó que las consultas preventivas permiten identificar alteraciones antes de que aparezcan síntomas. “La importancia de las visitas rutinarias es que no son cuando el niño está enfermo, sino cuando está saludable”, afirmó.

Durante estas evaluaciones se revisan el peso, la talla, el índice de masa corporal y la velocidad de crecimiento, herramientas que ayudan a detectar de forma temprana desviaciones metabólicas y orientar intervenciones oportunas.
La alimentación también es prevención
Para el especialista, la nutrición y la educación familiar son pilares para frenar esta tendencia. “Es clave una nutrición balanceada para el crecimiento y para el cerebro”, señaló.
Asimismo, insistió en que la información debe provenir de fuentes científicas confiables y llamó a reforzar las campañas educativas sobre alimentación saludable, actividad física y prevención de la obesidad infantil, con el objetivo de reducir la carga de enfermedades crónicas en las próximas generaciones.









