“Entrar a una lista de espera para un trasplante no significa avanzar simplemente por orden de llegada”, asegura la Dra. Nilka De Jesús, nefróloga pediátrica y directora del Centro de Trasplante del Hospital Auxilio Mutuo. Un trasplante se considera cuando un órgano deja de funcionar y no existen otras terapias capaces de reemplazar adecuadamente esa función.
Sin embargo, desde que un paciente es aceptado como candidato comienza un proceso en el que múltiples variables pueden determinar cuánto tiempo esperará y cuándo podría recibir una oferta.
La lista no funciona como una fila
La lista de espera incluye a los pacientes que han completado su evaluación y han sido aceptados como candidatos para recibir un órgano de un donante fallecido. En Puerto Rico, este sistema forma parte de una lista nacional que incluye a pacientes de Estados Unidos y sus territorios.
“Esto no es simplemente una fila”, explicó la especialista. La asignación depende del órgano que se necesita y de factores como la urgencia médica, la compatibilidad del grupo sanguíneo y las características inmunológicas del receptor.
Los anticuerpos pueden prolongar la espera
Uno de los factores más complejos es la presencia de anticuerpos contra tejidos humanos. Estos pueden desarrollarse después de transfusiones, embarazos o trasplantes previos, reduciendo la cantidad de donantes con los que un paciente puede ser compatible.
“Si yo trasplanto un órgano en un paciente que tenga esos anticuerpos y tiene anticuerpos contra ese órgano del donante, inmediatamente al trasplantar el órgano podemos tener un rechazo inmediato”, advirtió la experta.
Por ello, una mayor sensibilización inmunológica puede limitar las opciones disponibles y prolongar el tiempo de espera, especialmente en pacientes que requieren trasplante renal.
El grupo sanguíneo también influye
En el trasplante de riñón, la disponibilidad de órganos compatibles puede variar según el grupo sanguíneo del paciente. Algunos grupos cuentan con menos donantes disponibles, mientras que otros pacientes pueden enfrentar dificultades adicionales debido a su perfil inmunológico.
“Un paciente tipo de sangre B puede estar más tiempo en la lista porque hay menos donantes tipo B”, explicó la nefróloga pediátrica.
Además de la compatibilidad, también pueden recibir prioridad determinados pacientes, como los niños y las personas con dificultades para mantener accesos vasculares necesarios para la diálisis.
La espera depende del órgano y de la enfermedad
El tiempo acumulado en lista es importante, pero no es el único criterio. En Puerto Rico, la espera para un trasplante de riñón puede rondar entre tres y cinco años, mientras que en el caso del hígado puede variar desde semanas hasta meses, dependiendo de la gravedad de la enfermedad.

“Son múltiples factores los que pueden influir en que el paciente se tarde más o menos”, destacó la nefróloga pediátrica. Así, la asignación de un órgano responde a un proceso de evaluación continua en el que la urgencia y la compatibilidad pueden modificar quién recibe una oferta en cada momento.
Estar en una lista de espera, por tanto, no es ocupar un lugar fijo en una fila, sino formar parte de un sistema diseñado para encontrar la combinación más adecuada entre el órgano disponible y el paciente que puede recibirlo.









