Vivir en municipios con emisiones tóxicas industriales reportadas se asoció con un mayor riesgo de cáncer en Puerto Rico, según un estudio ecológico que analizó datos del Registro Central de Cáncer de Puerto Rico y del programa federal Toxic Release Inventory (TRI).
Los investigadores analizaron 80,179 casos de cáncer invasivo diagnosticados entre 2018 y 2022 y los relacionaron con la presencia de instalaciones que habían reportado emisiones contaminantes directamente al aire, agua o suelo entre 2006 y 2020. De los casos, 61,446 personas (77 %) residían en municipios clasificados como contaminados bajo este criterio.
En comparación con los municipios sin instalaciones que reportaron emisiones, los residentes de municipios contaminados presentaron un 7 % mayor riesgo de cáncer en general (RR 1,07; IC 95 %: 1,05-1,09; P < .0001). La asociación fue de 5 % entre las mujeres (RR 1,05) y de 10 % entre los hombres (RR 1,10).
El análisis también identificó asociaciones con tipos específicos de cáncer. En la población general, los municipios con emisiones reportadas presentaron mayor riesgo de cáncer de mama, riñón y pelvis renal, pulmón y bronquios, linfoma no Hodgkin y páncreas. En los hombres también se observaron asociaciones con cáncer de próstata, hígado y vías biliares, además de otros tumores.
La frecuencia de las emisiones mostró un patrón adicional. Los residentes de municipios con reportes continuos de emisiones durante los 15 años estudiados presentaron un 8 % mayor riesgo de cáncer en general frente a quienes vivían en municipios sin emisiones reportadas (RR 1,08; IC 95 %: 1,06-1,10). En los hombres, el incremento alcanzó 12 %, mientras que en las mujeres fue de 5 %.
Los investigadores señalan que Puerto Rico enfrenta múltiples fuentes de exposición ambiental, entre ellas emisiones industriales, vertederos, tráfico, sitios contaminados y problemas de calidad del agua. También destacan que eventos climáticos extremos pueden modificar la distribución de contaminantes. Sin embargo, el estudio no permite establecer que las emisiones industriales causen directamente los casos de cáncer.
Entre las principales limitaciones se encuentran su diseño ecológico, la ausencia de mediciones individuales de exposición y la imposibilidad de ajustar por factores personales como tabaquismo, antecedentes médicos u otros posibles factores de confusión. Además, el TRI no incluye todas las instalaciones ni todas las sustancias potencialmente relevantes.
Los autores plantean que estos resultados respaldan la necesidad de fortalecer la vigilancia epidemiológica y ambiental, realizar estudios con información individual y espacial más precisa y considerar estrategias de prevención y detección del cáncer en comunidades con exposición industrial.
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