Onchocerca lupi invade el vítreo y compromete la visión

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Las infecciones zoonóticas por Onchocerca pueden comprometer estructuras oculares y producir inflamación y daño visual, aunque las localizaciones profundas son poco frecuentes.

Un hombre de 24 años de Yakarta, Indonesia, desarrolló durante un mes visión borrosa, cuerpos flotantes con apariencia de filamentos y molestias oculares, acompañados de cefaleas intermitentes. Había recibido tratamiento por una presunta uveítis en varios centros, pero los síntomas progresaron hasta producir una marcada disminución de la agudeza visual.

El examen oftalmológico mostró una agudeza visual de 6/60 en el ojo izquierdo, defecto pupilar aferente relativo y lesiones retinianas y subretinianas. El hallazgo decisivo fue la identificación de un parásito blanquecino, móvil y con aspecto filiforme dentro de la cavidad vítrea, por lo que se realizó una vitrectomía pars plana para extraerlo.

El nematodo medía 12 mm de longitud por 320 μm de diámetro. El análisis microscópico evidenció crestas y estrías cuticulares, ausencia de cavidad bucal y una espícula posterior corta, características más compatibles con un ejemplar adulto macho de Onchocerca lupi. Sin embargo, la identificación de especie no pudo confirmarse mediante técnicas moleculares porque el espécimen había sido fijado en formalina, lo que impidió la extracción de ADN.

Tras la extracción del parásito, la inflamación ocular mejoró considerablemente, aunque la agudeza visual permaneció sin cambios. Las lesiones retinianas y subretinianas se consideraron compatibles con daño mecánico e inflamatorio asociado con la presencia del nematodo, lo que sugiere que parte del deterioro visual pudo haberse establecido antes de la intervención.

El caso adquirió una dimensión adicional por el antecedente de cefaleas crónicas. Una resonancia magnética cerebral mostró una lesión hiperintensa en T2-FLAIR en la sustancia blanca del lóbulo parietal izquierdo. A los nueve meses, las cefaleas habían mejorado progresivamente y la lesión había disminuido considerablemente de tamaño, aunque persistía.

Los especialistas consideraron diferentes posibilidades para el hallazgo cerebral, entre ellas vasculitis e infección por citomegalovirus. Sin embargo, no se realizaron análisis de líquido cefalorraquídeo ni biopsia cerebral y tampoco se confirmó una infección por CMV. Por ello, la posibilidad de que el parásito o sus metabolitos hubieran alcanzado el sistema nervioso central permanece como una hipótesis y no como una relación causal demostrada.

Las infecciones humanas por Onchocerca zoonótica son excepcionales y suelen adquirirse mediante la picadura de moscas negras del género Simulium. Aunque el paciente no tenía contacto habitual con animales, había viajado con frecuencia por la isla de Java, lo que pudo representar una vía de exposición. El caso destaca que la ausencia de contacto directo con animales no descarta esta infección y que una uveítis atípica con un parásito intraocular visible debe motivar una evaluación parasitológica específica.

La infección zoonótica por O. lupi tiene particular afinidad por las estructuras oculares y puede producir lesiones perioculares, conjuntivales y profundas. En este paciente, la localización intravítrea representa una presentación poco habitual y refuerza la importancia de reconocer estos parásitos como diagnóstico diferencial en pacientes procedentes o con antecedentes de viaje a zonas donde circulan sus vectores.

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