Los comestibles de cannabis podrían comprometer la capacidad para conducir incluso cuando las concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) en sangre se encuentran por debajo de algunos de los umbrales utilizados para detectar conducción bajo los efectos de esta sustancia.
Así lo evidenció un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo publicado en JAMA Network Open, que evaluó el desempeño al volante simulado después del consumo de diferentes dosis de THC por vía oral.
El estudio evaluó diferentes dosis de THC
La investigación incluyó a 40 adultos de entre 19 y 45 años que consumían cannabis habitualmente. Los participantes recibieron, en diferentes sesiones, gomitas que contenían 0, 2, 10 o 20 mg de THC y posteriormente realizaron pruebas en un simulador de conducción.
Los investigadores evaluaron aspectos como el control lateral del vehículo, la variabilidad de la velocidad y el tiempo de reacción, además de medir las concentraciones de THC en sangre y la percepción de los propios participantes sobre su capacidad para conducir.
Los resultados mostraron que las dosis de 10 y 20 mg de THC produjeron un deterioro significativo del control lateral del vehículo en comparación con el placebo. Con 20 mg también se observaron un mayor tiempo de reacción y una mayor variabilidad en la velocidad. En contraste, la dosis de 2 mg no produjo cambios estadísticamente significativos en el control lateral del vehículo frente al placebo.
Uno de los hallazgos que llamó especialmente la atención fue la relación entre el desempeño al conducir y las concentraciones de THC.
Después de consumir 10 mg de THC, la concentración máxima promedio en sangre fue de 1,6 ng/mL, mientras que con 20 mg alcanzó aproximadamente 3,4 ng/mL. Estos valores se mantuvieron por debajo del umbral de 5 ng/mL utilizado en algunas jurisdicciones para establecer límites legales relacionados con la conducción.
Esto plantea un desafío para la interpretación de las pruebas biológicas, ya que una concentración determinada de THC en sangre no necesariamente representa por sí sola el nivel de deterioro de la capacidad para conducir.
Los investigadores señalan que los comestibles tienen una farmacocinética diferente a la del cannabis inhalado: el THC se absorbe de manera más lenta y puede producir efectos durante más tiempo. Las alteraciones en el simulador se identificaron principalmente a las 2 y 5 horas después de consumir THC. A las 24 horas, el estudio encontró poca evidencia de efectos residuales sobre el desempeño al conducir.
Además, los participantes reportaron una menor disposición para conducir y una percepción más baja de su propia capacidad para hacerlo a medida que aumentaba la dosis de THC.
Este aspecto coincide con la evidencia de salud pública que señala que el cannabis puede afectar habilidades necesarias para una conducción segura, como la coordinación, el tiempo de reacción, la toma de decisiones y la percepción.
¿Por qué los comestibles requieren especial atención?
A diferencia del cannabis inhalado, cuyos efectos pueden aparecer más rápidamente, los productos comestibles pueden tardar entre 30 minutos y 2 horas en producir efectos intoxicantes. Además, estos pueden durar más tiempo y variar dependiendo de factores como la cantidad consumida, si la persona ha comido previamente y el consumo simultáneo de otras sustancias.
Por ello, el consumidor podría no percibir inmediatamente la intensidad de los efectos y asumir que se encuentra en condiciones para conducir.
La evidencia también sugiere que combinar cannabis comestible con alcohol puede aumentar el deterioro de la conducción en comparación con el consumo de cualquiera de las dos sustancias por separado.
Los resultados ponen sobre la mesa una cuestión relevante para la seguridad vial y la salud pública: las concentraciones de THC en sangre pueden no coincidir de manera directa con el deterioro observado después de consumir cannabis por vía oral.
El estudio, sin embargo, tiene limitaciones. La investigación se realizó mediante simuladores de conducción y únicamente incluyó adultos que ya consumían cannabis con regularidad, por lo que sus resultados no necesariamente pueden extrapolarse a personas que lo utilizan ocasionalmente, a adultos mayores o a quienes consumen cannabis con fines médicos.
Aun así, los hallazgos aportan nueva evidencia sobre la necesidad de comprender mejor cómo la dosis, la vía de administración, el tiempo transcurrido desde el consumo y los niveles de THC se relacionan con la capacidad real para conducir. 10 y 20 mg de THC fueron las dosis que mostraron un deterioro significativo del control lateral del vehículo en el simulador, mientras que con 20 mg también aumentaron el tiempo de reacción y la variabilidad de la velocidad.









