Talaromicosis diseminada se oculta tras serología positiva para sífilis

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La combinación de pruebas moleculares y cultivos permitió identificar una micosis sistémica en un paciente con VIH y manifestaciones cutáneas inicialmente atribuidas a otra infección.

Un hombre de 37 años consultó por lesiones cutáneas de 20 días de evolución, fiebre y dolor de garganta. Las erupciones afectaban el rostro, el cuello, el tórax, la espalda y los brazos, con lesiones maculopapulares de color rojo oscuro y algunas áreas costrosas. En otro centro, las pruebas serológicas para sífilis habían resultado positivas, con un título de 1:32, por lo que recibió tratamiento con penicilina. Sin embargo, las lesiones continuaron progresando y apareció prurito, mientras las pruebas iniciales también revelaron infección por VIH y alteraciones pulmonares bilaterales en la tomografía computarizada.

Durante la evaluación hospitalaria se observaron vesículas y placas blanquecinas en la cavidad oral y la faringe, además de las lesiones cutáneas extensas. La falta de respuesta al tratamiento inicial y el hallazgo de VIH llevaron a considerar una infección oportunista. La secuenciación metagenómica de nueva generación (tNGS) detectó Talaromyces marneffei en sangre, y el análisis del lavado broncoalveolar identificó también el hongo, junto con Pneumocystis jirovecii y un virus parainfluenza humano. En las muestras analizadas no se detectó Treponema pallidum.

El hemocultivo confirmó posteriormente la presencia de T. marneffei, un hongo dimórfico capaz de provocar una micosis sistémica potencialmente mortal, especialmente en personas con inmunosupresión avanzada. La infección suele adquirirse por inhalación de conidios y puede diseminarse por vía hematógena hacia órganos como el hígado, el bazo, los ganglios linfáticos y la médula ósea. En este paciente, el compromiso pulmonar y la fungemia respaldaron el diagnóstico de talaromicosis diseminada asociada al VIH.

El paciente recibió inicialmente fluconazol, pero, tras la identificación molecular del hongo, el tratamiento se cambió a voriconazol. También recibió tratamiento para la infección por P. jirovecii, profilaxis frente a otras infecciones oportunistas y terapia antirretroviral. Aunque las lesiones comenzaron a disminuir después de una semana de tratamiento antifúngico, la evolución fue prolongada: el paciente reingresó en varias ocasiones por fiebre y los hemocultivos continuaron positivos durante semanas. Tras una interrupción de tres días del voriconazol por falta de medicación, volvió a presentar fiebre y se modificó el esquema antifúngico a itraconazol.

La evolución microbiológica fue especialmente relevante. Los hemocultivos permanecieron positivos hasta el 24 de junio de 2025, aproximadamente 11 semanas después del primer resultado positivo, y finalmente se negativizaron el 5 de agosto de 2025. Hacia la octava semana, las lesiones cutáneas habían desaparecido en gran medida, con cicatrices mínimas. El título de la prueba serológica para sífilis también descendió de 1:32 a 1:8. Como no se realizó una biopsia cutánea, los autores señalaron que no fue posible determinar si las lesiones obedecían a sífilis secundaria, talaromicosis o una combinación de ambas.

La talaromicosis se concentra principalmente en regiones del sudeste asiático y el sur de China, y puede confundirse con tuberculosis, neumonías bacterianas u otras enfermedades infecciosas. En pacientes con VIH avanzado, un recuento de linfocitos CD4 inferior a 100 células/µL debe aumentar la sospecha de infecciones oportunistas como esta. El cultivo sanguíneo constituye una herramienta diagnóstica de referencia, pero su crecimiento lento puede retrasar el tratamiento; las pruebas moleculares, incluida la tNGS, pueden aportar evidencia temprana cuando la presentación clínica es inespecífica.

El caso subraya la importancia de reconsiderar el diagnóstico cuando una erupción atípica no responde al tratamiento esperado, especialmente en personas con inmunosupresión. Una serología positiva para sífilis no explica necesariamente todas las manifestaciones clínicas ni excluye una infección concomitante. La persistencia de hemocultivos positivos también plantea desafíos para evaluar la respuesta antifúngica, aunque este caso aislado no permite establecer que el tiempo hasta la negativización sea un indicador independiente de eficacia o resistencia farmacológica.

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