Cambio climático intensifica enfermedades de la piel y aumenta el riesgo de complicaciones dermatológicas

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Especialistas advierten que los cambios ambientales pueden agravar enfermedades como la dermatitis atópica, alterar la barrera cutánea y favorecer la aparición de complicaciones dermatológicas.

Las temperaturas extremas, la contaminación atmosférica y la radiación ultravioleta están relacionadas con un aumento en la frecuencia y gravedad de enfermedades como la dermatitis atópica, la foliculitis y determinadas afecciones inflamatorias de la piel.

El cambio climático está modificando el comportamiento de diversas enfermedades dermatológicas, favoreciendo manifestaciones más frecuentes, graves y, en algunos casos, a edades más tempranas. El aumento de las temperaturas, el humo de los incendios forestales y la exposición a contaminantes atmosféricos representan factores que pueden comprometer la salud cutánea.

La Dra. Carla Torres-Zegarra, dermatóloga y directora de la subespecialidad de dermatología pediátrica del Children’s Hospital de Colorado, explicó que estos cambios ya se reflejan en la práctica clínica. «No es que haya una enfermedad dermatológica específica por la contaminación o el cambio climático, pero observo en mi consulta que las afecciones que veía antes ahora son más graves, con mayor frecuencia o con presentaciones en latitudes que no teníamos», advirtió la especialista.

Calor extremo favorece dermatitis e infecciones cutáneas

Entre las afecciones que presentan cambios se encuentra la dermatitis atópica, cuyo agravamiento puede estar relacionado con el aumento de la temperatura, la sudoración, la radiación ultravioleta y la exposición al humo. La especialista también ha observado una mayor frecuencia de miliaria o salpullido por calor, intertrigo, foliculitis y urticaria inducida por calor, así como presentaciones más tempranas y graves de hidradenitis supurativa.

Además, la exposición a contaminantes como las partículas PM2,5, el ozono y los óxidos de nitrógeno puede generar estrés oxidativo, alterar la barrera cutánea y favorecer la pérdida de agua, aumentando la susceptibilidad a irritantes y alérgenos.

Otro de los principales riesgos es la exposición a la radiación ultravioleta, relacionada con quemaduras solares, fotoenvejecimiento, alteraciones de la pigmentación y cáncer cutáneo.

Según los datos citados en la publicación, la incidencia de melanoma en Estados Unidos aumentó de 15,1 casos por cada 100.000 habitantes en 1999 a 23,0 en 2021, tras ajustar las tasas por edad.

La dermatóloga enfatizó la importancia de prevenir las quemaduras solares durante la infancia y adolescencia. «La evidencia muestra que por cada cinco quemaduras de piel durante las primeras dos décadas de vida se duplica el riesgo de desarrollar melanoma en edad adulta y si la quemadura es con ampollas, solo con una el riesgo se duplica», explicó.

Prevención dermatológica frente a los cambios ambientales

Ante este panorama, la especialista recomendó fortalecer las medidas de fotoprotección y cuidado de la barrera cutánea, especialmente en niños, adolescentes y adultos mayores.

Entre las recomendaciones destacan utilizar protector solar de amplio espectro con SPF de al menos 30, evitar la exposición solar directa entre las 10:00 a. m. y las 4:00 p. m., mantener una hidratación adecuada y utilizar ropa ligera durante episodios de calor extremo.

Asimismo, aconsejó revisar los índices de calidad del aire, limitar las actividades al aire libre cuando exista contaminación y evitar productos exfoliantes agresivos que puedan incrementar la irritación. Estos hallazgos evidencian la necesidad de incorporar los factores ambientales en la evaluación dermatológica, considerando su posible influencia en la aparición, progresión y gravedad de distintas enfermedades cutáneas.

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