Cuando el ejercicio exige de más al corazón, la prevención también cuenta

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La actividad física regular favorece la salud cardiovascular, pero la intensidad del entrenamiento debe adaptarse a las condiciones y capacidades de cada persona.

El ejercicio físico es una herramienta fundamental para proteger la salud cardiovascular, pero aumentar de manera repentina la intensidad o someter al organismo a esfuerzos para los que no está preparado puede representar un riesgo, especialmente cuando existen enfermedades cardíacas que todavía no han sido identificadas.

Una advertencia reciente de especialistas en Colombia pone el foco en la importancia de realizar una valoración médica preventiva antes de retomar entrenamientos exigentes o prepararse para competencias de resistencia. El llamado cobra especial relevancia porque algunas enfermedades cardiovasculares pueden avanzar durante años sin producir síntomas evidentes.

De acuerdo con el cardiólogo intervencionista Miguel Ángel Zuleta, coordinador del Servicio Cardiovascular de la Clínica del Occidente, determinadas afecciones cardiovasculares pueden permanecer sin manifestaciones claras hasta que el corazón es sometido a una exigencia física considerable.

La ausencia de síntomas no necesariamente significa que no exista un factor de riesgo. Por ello, los controles médicos periódicos pueden contribuir a identificar condiciones que podrían pasar inadvertidas, especialmente antes de incrementar significativamente la carga de entrenamiento.

La recomendación no se limita a deportistas profesionales. También puede ser relevante para personas que llevan una vida sedentaria y deciden comenzar a entrenar, quienes aumentan la intensidad de sus rutinas o aquellos que se preparan para una media maratón, maratón u otra prueba de resistencia.

¿Quiénes deberían considerar una valoración cardiovascular?

La evaluación previa adquiere especial importancia en personas con factores de riesgo cardiovascular o antecedentes que puedan aumentar la probabilidad de complicaciones.

Entre los grupos señalados por los especialistas se encuentran quienes:

  • Retoman el ejercicio después de un periodo prolongado de sedentarismo.
  • Se preparan para pruebas deportivas de resistencia.
  • Son mayores de 40 años y planean aumentar la intensidad de sus entrenamientos.
  • Presentan hipertensión, diabetes, colesterol elevado, sobrepeso u obesidad.
  • Son fumadores.
  • Tienen antecedentes familiares de infarto o muerte súbita a edades tempranas.
  • Han experimentado dolor en el pecho, palpitaciones, mareos o desmayos durante o después de la actividad física.

La valoración no implica necesariamente realizar las mismas pruebas en todas las personas. La decisión depende de factores como la edad, antecedentes familiares, síntomas y factores de riesgo individuales.

Durante una rutina exigente es normal experimentar aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria. Sin embargo, determinados síntomas requieren detener el ejercicio y buscar valoración médica.

Entre las señales de alerta se encuentran dolor, presión u opresión en el pecho, especialmente si se extiende hacia el brazo, la mandíbula o la espalda; falta de aire desproporcionada al esfuerzo; palpitaciones; mareo, visión borrosa o desmayo; sudoración fría, náuseas y un cansancio intenso o inexplicable.

En las mujeres, además, algunas manifestaciones cardiovasculares pueden ser menos evidentes. El especialista citado por Infobae señaló síntomas como dolor en la mandíbula o la espalda y agotamiento inexplicable, que pueden pasar inadvertidos o atribuirse a otras causas.

¿Qué puede incluir un chequeo cardiovascular?

La evaluación médica puede comenzar con la revisión de la historia clínica y los antecedentes familiares, además de la medición de la presión arterial.

Según el perfil de cada paciente, el médico puede considerar un electrocardiograma en reposo y análisis de colesterol, triglicéridos y glucosa. En personas mayores de 40 años o con determinados factores de riesgo, también puede contemplarse una prueba de esfuerzo o ergometría, mientras que el ecocardiograma puede utilizarse cuando se necesita valorar la estructura y las válvulas del corazón.

La clave está en entender que practicar actividad física no significa llevar el cuerpo al límite desde el primer día. La progresión del entrenamiento, el reconocimiento de las señales de alarma y la valoración médica cuando está indicada forman parte de una práctica deportiva segura.

La actividad física regular continúa siendo una de las herramientas importantes para favorecer la salud cardiovascular. El reto está en adaptar la intensidad a las condiciones y capacidades de cada persona, especialmente cuando se pasa del sedentarismo a entrenamientos de alta exigencia.

En Colombia, las enfermedades isquémicas del corazón representaron preliminarmente 17,2 % de las muertes durante 2025, según cifras del DANE citadas en el reporte. El dato refuerza la importancia de no dejar la prevención cardiovascular para cuando aparezcan los síntomas. La recomendación es clara: escuchar al cuerpo también hace parte del entrenamiento.

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