Por: Dra. Beatriz Q. Vallejo, Presidenta Health Communications Gallery
La paciente entró al consultorio con el teléfono todavía encendido entre las manos.
Había pasado la noche buscando una explicación para aquel cansancio persistente, la caída del cabello y esa sensación de que algo en su cuerpo no estaba funcionando como antes. Después de describir sus síntomas a una herramienta de inteligencia artificial, recibió una lista de posibles causas y varias preguntas que podía llevar a su médico.
No llegó exigiendo una receta.
No llegó pretendiendo saber más que el profesional.
Llegó asustada, pero preparada.
—Creo que podría tener un problema con la tiroides —dijo.
El médico respondió:
—Deje de consultar al doctor Google.
La conversación cambió en ese instante. Ya no se trataba de explorar síntomas, sino de quién tenía derecho a saber. La paciente guardó el teléfono. También guardó dos síntomas que todavía no había mencionado y una pregunta que jamás se atrevió a formular. El verdadero riesgo de aquella consulta no fue que la inteligencia artificial se equivocara. Fue que la paciente dejó de hablar.
La publicación de Ayers y colaboradores en JAMA Internal Medicine (2023), que comparó respuestas de médicos con respuestas generadas por ChatGPT a preguntas reales de pacientes, abrió una conversación mundial. Los evaluadores prefirieron las respuestas del chatbot en la mayoría de los casos y las describieron como más empáticas y de mayor calidad comunicacional. Sin embargo, el hallazgo no demuestra que la inteligencia artificial sustituya el juicio clínico; evidencia que los pacientes valoran sentirse escuchados.
La pregunta que debemos hacernos no es si los pacientes utilizarán inteligencia artificial. Ya lo están haciendo. La pregunta es cómo responderemos cuando lleguen a la consulta con información obtenida mediante estas herramientas. El asunto no es que el paciente busque información. Es cuando esa búsqueda se interpreta como una amenaza en lugar de una oportunidad para fortalecer la alfabetización en salud digital.
Buscar información no constituye un acto de rebeldía clínica. Es una expresión de participación activa en el cuidado de la salud. Sin embargo, la alfabetización en salud digital no consiste únicamente en acceder a información; implica interpretarla, reconocer sus limitaciones, validar las fuentes y tomar decisiones junto con un profesional.
La inteligencia artificial puede iniciar una conversación, pero no sustituye la historia clínica, el examen físico, el contexto del paciente ni el razonamiento clínico. Diversos estudios también han demostrado que los modelos generativos pueden producir respuestas incorrectas, reforzar hipótesis erróneas o presentar información convincente pero falsa. Precisamente por ello, el rol del profesional adquiere aún más importancia.
Cuando un paciente llega con un posible diagnóstico generado por inteligencia artificial, el objetivo no debe ser desacreditar la herramienta ni ridiculizar al paciente. Debe ser explorar qué información utilizó, qué le preocupa, qué aspectos coinciden con la evaluación clínica y cuáles requieren aclaración.
Cinco principios pueden guiar esta nueva práctica:
1. Buscar información no es insubordinación clínica.
2. Llegar con un diagnóstico no significa llegar con un diagnóstico correcto.
3. La reacción del profesional puede favorecer o limitar la seguridad del paciente.
4. La alfabetización en salud digital incluye enseñar a verificar la información.
5. Los profesionales también necesitan desarrollar competencias sobre inteligencia artificial y comunicación clínica.
Algunas preguntas que pueden transformar la consulta:
“Gracias por traer esta información”.
“Cuénteme qué escribió y qué respuesta recibió”.
“¿Qué fue lo que más le preocupó?”
“Revisemos juntos qué evidencia respalda esa posibilidad y qué necesitamos evaluar”.
“Permítame mostrarle cómo identificar información confiable para futuras consultas”.
La inteligencia artificial no eliminará la necesidad de los profesionales de la salud. Pero sí está transformando la forma en que los pacientes llegan al consultorio. El paciente del presente/futuro llegará con búsquedas, capturas de pantalla, hipótesis y preguntas generadas por algoritmos. La competencia profesional ya no consistirá en impedirlo, sino en convertir esa información en una oportunidad para educar, orientar y fortalecer la toma de decisiones compartidas.
No debemos penalizar al paciente por intentar comprender su cuerpo. Debemos enseñarle a preguntar mejor, verificar mejor y decidir acompañado. Quizá la mayor amenaza no sea que el paciente consulte una inteligencia artificial. Quizá sea que, después de consultarnos a nosotros, sienta que fue la inteligencia artificial quien realmente lo escuchó.
Referencias
- Ayers, J. W., Poliak, A., Dredze, M., Leas, E. C., Zhu, Z., Kelley, J. B., Faix, D. J., Goodman, A. M., Longhurst, C. A., Hogarth, M., & Smith, D. M. (2023). Comparing physician and artificial intelligence chatbot responses to patient questions posted to a public social media forum. JAMA Internal Medicine, 183(6), 589–596. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2023.1838
- Nutbeam, D. (2000). Health literacy as a public health goal: A challenge for contemporary health education and communication strategies into the 21st century. Health Promotion International, 15(3), 259–267. https://doi.org/10.1093/heapro/15.3.259
- World Health Organization. (2021). Global strategy on digital health 2020–2025. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/9789240020924









