Durante la última década, el panorama del mieloma múltiple ha cambiado de manera radical. Lo que antes era una sentencia de muerte, hoy se maneja como una enfermedad crónica, gracias al avance científico y a la introducción de terapias dirigidas.
Así lo explicó el Dr. Ariel Grajales, hematólogo oncólogo del Programa de hematología maligna y terapia celular Moffitt Cancer Center, quien analizó los principales hitos que marcaron esta evolución.
“Años atrás, tanto el mieloma tenía un pronóstico catastrófico. Las opciones de tratamiento se contaban con los dedos de una mano”, recordó el especialista. “Hoy tenemos terapias biológicas, anticuerpos monoclonales y hasta terapias con células CAR-T que han cambiado por completo la historia de estas enfermedades”.
La nueva era de la inmunoterapia
El avance más significativo, según el Dr. Grajales, ha sido la inmunoterapia. El estudio ANDRÓMEDA, que combinó quimioterapia con el anticuerpo monoclonal daratumumab, marcó un antes y un después en el tratamiento de la amiloidosis.
“Gracias a este estudio, se logró un aumento dramático en las tasas de respuesta, pasando de un 18 % a más del 50 % cuando se incorporó el anticuerpo monoclonal”, explicó. “Ya rara vez hablamos de trasplante de médula ósea para estos pacientes, porque podemos ofrecerles terapias más efectivas y con menos efectos secundarios”.
Estas terapias, además de mejorar la sobrevida, han logrado un cambio sustancial en la calidad de vida de los pacientes. “Nuestro objetivo es controlar el clon y preservar los órganos afectados —riñones, corazón, hígado—. Que el paciente muera con la enfermedad, pero no de la enfermedad”, subrayó el hematólogo.
Detección temprana y estados precursores
Aunque la detección temprana sigue siendo un reto, el Dr. Grajales destacó el interés creciente en los estados precursores del mieloma múltiple, como la gamaglobulinemia monoclonal de significado incierto (MGUS) y el mieloma indolente.
“Todo paciente diagnosticado hoy con mieloma probablemente ha vivido años en un estado precursor sin saberlo”, explicó. “En Estados Unidos estimamos que hay unos 12 millones de personas con uno de estos estados. Si logramos intervenir ahí, antes de que se active el cáncer, podríamos hablar de una cura real”.
Ensayos clínicos actuales exploran el uso de anticuerpos biespecíficos en estos estadios iniciales, con la meta de frenar la progresión antes de que aparezca la enfermedad activa.
Respuestas y nuevas herramientas de evaluación
El Dr. Grajales resaltó el valor de alcanzar la enfermedad mínima residual negativa (MRD-), considerada hoy el mejor predictor de una respuesta duradera. “En mieloma, más del 90 % de los pacientes logran respuesta, y cerca del 75 % alcanzan una respuesta completa”, señaló.
“Nuestra meta debe ser llevar a cada paciente a la negatividad en MRD, porque eso se traduce en supervivencias mucho más prolongadas”. Las nuevas tecnologías, como la secuenciación de nueva generación (ClonoSeq) y la espectrometría de masa, permiten detectar una célula entre un millón, mejorando la precisión del monitoreo.
Para el especialista, el principal aprendizaje de esta década es claro: la cura podría estar más cerca de lo que se cree. “Suena ambicioso, pero estamos comprando tiempo y calidad de vida. La edad promedio de diagnóstico es 69 años, y con los nuevos tratamientos muchos pacientes viven hasta los 79 o más”, dijo.
“La cura está cerca; solo tenemos que aprender a secuenciar mejor las terapias para obtener el mejor milagro posible”. El Dr. Grajales concluyó haciendo un llamado a la participación en estudios clínicos, especialmente entre poblaciones minoritarias.









