La National Oceanic and Atmospheric Administration confirmó que El Niño ya comenzó oficialmente, tras detectarse un calentamiento sostenido de las aguas del Pacífico ecuatorial, una señal característica de este fenómeno climático que altera los patrones de temperatura, lluvias y vientos a nivel global.
Según la agencia estadounidense, existe un 63% de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre y enero, lo que lo ubicaría entre los eventos más potentes observados desde que comenzaron los registros modernos en 1950.
Los expertos temen que este nuevo El Niño se desarrolle sobre un planeta ya afectado por el calentamiento global, lo que podría amplificar fenómenos extremos como olas de calor, inundaciones, sequías, incendios forestales y tormentas intensas en distintas regiones del mundo.
Aunque El Niño suele reducir la actividad de huracanes en el Atlántico debido al aumento de los vientos cortantes que dificultan la formación de ciclones tropicales, los meteorólogos recuerdan que esto no elimina el riesgo para el Caribe. Al mismo tiempo, el fenómeno favorece una mayor actividad ciclónica en el océano Pacífico, donde las condiciones se vuelven más favorables para el desarrollo de tormentas y huracanes.
La científica climática Abby Frazier, de la Universidad Clark, explicó que las aguas cálidas asociadas a El Niño aportan una gran cantidad de energía adicional a la atmósfera, alimentando eventos meteorológicos severos en diferentes partes del planeta.
El secretario general de la United Nations, António Guterres, describió el fenómeno como una «advertencia climática urgente», al señalar que podría añadir más presión a un mundo que ya experimenta temperaturas récord.
Históricamente, El Niño ha estado vinculado a lluvias torrenciales e inundaciones en partes de Sudamérica, sequías e incendios forestales en Australia, olas de calor más intensas en Asia y alteraciones importantes en los patrones climáticos globales.
Además, los climatólogos advierten que el mayor impacto sobre la temperatura global suele sentirse meses después de que el fenómeno alcanza su máxima intensidad. Por ello, algunos expertos consideran que 2027 podría convertirse en el año más cálido jamás registrado, debido al calor adicional liberado por los océanos hacia la atmósfera.
Aunque todavía es temprano para determinar con precisión la magnitud de sus efectos, varios modelos climáticos coinciden en que este episodio podría rivalizar con el histórico El Niño de 1997-1998, recordado por provocar miles de millones de dólares en pérdidas asociadas a fenómenos meteorológicos extremos alrededor del mundo.
Fuente original aquí









