Un análisis reciente publicado en Brain Communications encontró que las personas que trabajaron en turnos nocturnos o mixtos durante su vida joven presentaron diferencias estructurales y biomarcadores cerebrales que podrían reflejar un riesgo mayor de deterioro cognitivo en el futuro.
El estudio incluyó participantes del cohorte del 1946 British Birth Cohort (“Insight 46”), evaluados a los ~70 años mediante imágenes multimodales (PET de amiloide-β, volúmenes cerebrales, tau plasmático) y con datos de empleo/turnos recogidos a los ~31 años.
Los investigadores encontraron que aquellos con historial de trabajo nocturno tenían volúmenes cerebrales menores y más alteraciones en la materia blanca, aunque sorprendentemente niveles menores de patología típica de Alzheimer (como PET de amiloide y tau plasmático) que los trabajadores diurnos, lo que plantea una interpretación más compleja sobre el verdadero perfil de riesgo.
Además, metaanálisis recientes sugieren que el trabajo en turnos, especialmente el nocturno prolongado, se asocia con un riesgo ligeramente mayor de demencia: se ha reportado un Hazard Ratio (HR) de ~1,13 (IC 95 %: 1,04–1,23) para quienes tienen historial de turnos nocturnos.
Los autores advierten que, aunque el vínculo parece existir, las vías causales no están claras: podría ser el desajuste del ritmo circadiano, la mala calidad del sueño, los comportamientos de salud asociados (como menor actividad física o alteraciones metabólicas) o una combinación de factores.
Para los profesionales de la salud visual y optometría, este hallazgo puede tener implicaciones indirectas: los trabajadores de la salud, ópticas o clínicas que operan en turnos pueden ver a pacientes con mayor riesgo global de deterioro cognitivo y comorbilidades vinculadas a la cronodisrupción (como hipertensión, diabetes o trastornos del sueño), condiciones que también afectan la salud ocular.
En conclusión, este estudio refuerza la importancia de considerar los factores laborales y del sueño en la prevención del deterioro cognitivo, más allá de los clásicos factores cardiovasculares. Aunque no está listo para cambiar guías clínicas, sí constituye un llamado a la vigilancia y a la promoción de hábitos de sueño saludables en poblaciones vulnerables.
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