Fluoruro en el agua potable de EE. UU. se asocia con mejor rendimiento cognitivo

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Fluoruración del agua: beneficios cognitivos en la adolescencia sin impacto en la adultez, según nuevo estudio en EE. UU.

Un nuevo estudio estadounidense marca un hito al analizar cómo la exposición al fluoruro en el agua potable influye en el rendimiento cognitivo desde la adolescencia hasta los 60 años. Los hallazgos revelan beneficios claros en la etapa escolar, pero ningún efecto detectable en la adultez tardía.

La investigación, publicada en Science Advances, siguió a miles de estudiantes estadounidenses desde la secundaria en 1980 hasta su evaluación cognitiva en 2021, cuando tenían cerca de 60 años.

El estudio encontró que los jóvenes expuestos a niveles recomendados de fluoruro en el agua potable tuvieron un mejor desempeño académico en lectura, vocabulario y matemáticas durante la secundaria. Sin embargo, estos beneficios no se mantuvieron ni ofrecieron ventaja cognitiva en la adultez.

Por qué importa el fluoruro en el agua

Durante décadas, el fluoruro ha sido reconocido como una de las intervenciones de salud pública más importantes del siglo XX, debido a su capacidad para prevenir la caries dental tanto en niños como en adultos. De hecho, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) lo catalogaron como uno de los “10 grandes logros de salud pública del siglo XX”.

No obstante, la evidencia sobre su impacto cognitivo ha sido limitada y, en muchos casos, proveniente de países donde las concentraciones de fluoruro en el agua son considerablemente más altas que las permitidas en Estados Unidos.

Estudios previos habían encontrado que exposiciones superiores a 1.5 mg/L podrían afectar el coeficiente intelectual infantil, pero estas conclusiones no eran aplicables al contexto estadounidense, donde las concentraciones son sustancialmente menores. Actualmente, la recomendación oficial en EE. UU. es de 0.7 mg/L.

Cómo se realizó el estudio

La investigación analizó datos de 58,270 estudiantes de 1,020 escuelas secundarias en 1980 y siguió a una muestra representativa de 26,820 participantes hasta 2021.

Para determinar la exposición al fluoruro, los investigadores recurrieron a archivos históricos, incluyendo:

  • Datos del Servicio Geológico de EE. UU. de 38,105 pozos analizados entre 1988 y 2017.
  • Censos de fluoruración del agua del Departamento de Salud y Servicios Humanos (1967-1993).

Los participantes fueron clasificados en tres categorías de exposición según los niveles de fluoruro en su zona durante la concepción y durante su evaluación en secundaria:

  1. Exposición insuficiente (menos de 0.7 mg/L sin fluoruración municipal).
  2. Exposición consistente y suficiente (0.7 mg/L o más de forma constante).
  3. Exposición parcial (zonas donde la fluoruración se implementó entre la concepción y la adolescencia).

El rendimiento cognitivo se evaluó con pruebas estandarizadas de lectura, vocabulario y matemáticas en 12.º grado, y con un modelo avanzado de medición cognitiva a los 60 años.

Los estudiantes que crecieron consumiendo agua con los niveles recomendados de fluoruro:

  • Mostraron mejores puntuaciones académicas en la adolescencia.
  • No presentaron diferencias significativas en las evaluaciones cognitivas a los 60 años.

El estudio también detectó patrones geográficos y demográficos: los estudiantes en zonas con fluoruración constante tendían a vivir en áreas urbanas del sur y medio oeste del país, y eran más probablemente afroamericanos, reflejando realidades demográficas y no efectos directos del fluoruro.

Aunque los investigadores usaron modelos estadísticos avanzados, no descartaron por completo la posibilidad de factores no medidos que pudieran influir en los resultados.

Una ayuda temporal, sin daño comprobado

La evidencia indica que el fluoruro en niveles recomendados ofrece beneficios cognitivos en la adolescencia, posiblemente debido a su relación con una mejor salud oral, asistencia escolar y bienestar general. Sin embargo, estos efectos no parecen extenderse hasta la edad adulta.

Los autores subrayan que no encontraron señales de daño cognitivo asociado al consumo de agua fluorada en niveles típicos de Estados Unidos, lo que respalda la continuidad de esta política como intervención de salud pública.

No obstante, recalcan la necesidad de más estudios para comprender posibles impactos a largo plazo y para perfeccionar los métodos de medición de exposición en futuras investigaciones

Fuente original aquí 

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