La otra cara de la Navidad, el impacto emocional de los comentarios sobre el cuerpo

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Las reuniones familiares pueden intensificar la autocrítica y la presión social, especialmente en personas con inseguridades o dificultades en la relación con la comida.

Las celebraciones navideñas suelen asociarse con encuentros familiares, mesas abundantes y momentos de unión. Sin embargo, para muchas personas, este periodo también puede convertirse en una fuente de malestar emocional cuando aparecen comentarios sobre el cuerpo, el peso o los hábitos alimentarios.

Durante diciembre y enero, las reuniones familiares se intensifican y, con ellas, ciertas dinámicas que ejercen presión sobre la imagen corporal. Frases aparentemente inofensivas o insistencias en torno a la comida pueden reactivar inseguridades profundas, especialmente en quienes ya enfrentan conflictos con su cuerpo o con la alimentación.

Comentarios que dejan huella emocional

Especialistas señalan que los juicios sobre la apariencia física no solo incomodan en el momento, sino que pueden desencadenar emociones como culpa, ansiedad y vergüenza. Lejos de ser un detalle menor, estos comentarios impactan directamente en la forma en que las personas se perciben a sí mismas, sobre todo cuando provienen del entorno familiar y se repiten año tras año.

Lo que debería ser un espacio de disfrute puede transformarse en un escenario de tensión interna, donde la comida deja de ser un placer para convertirse en motivo de preocupación o control.

De acuerdo con la psicóloga general sanitaria Regina López, citada por Psicología y Mente, los comentarios sobre el cuerpo tienen la capacidad de reactivar inseguridades aprendidas y reforzar patrones de autocrítica. En contextos donde se anticipa la evaluación externa, la percepción corporal suele volverse más negativa.

Durante las celebraciones, es común que aumenten conductas como la comparación con otros, el control de la ingesta o la preocupación excesiva por la vestimenta. La cultura de la delgadez y la idea de que “comer de más” es un error alimentan estas dinámicas, intensificando la vigilancia personal.

La elección de los alimentos en Navidad está profundamente ligada a factores culturales y emocionales. El ambiente de abundancia, sumado a la presión social, puede favorecer conductas restrictivas o compensatorias, especialmente en personas con antecedentes de dietas estrictas o perfeccionismo corporal.

Escuchar frases como “deberías comer menos” o “prueba un poco más” puede desconectar a las personas de sus señales internas de hambre y saciedad. El cuerpo responde entonces con tensión, incomodidad o incluso con el deseo de evitar el entorno familiar.

El rol del entorno familiar en la salud emocional

Según especialistas, los entornos familiares influyen de manera significativa en la regulación emocional y en la construcción de la autoestima. Cuando la apariencia física se convierte en un tema de conversación pública, las experiencias de vergüenza pueden intensificarse y dejar a las personas sin espacios de protección emocional.

Además, el impacto no se limita al momento de la comida: la anticipación de estas situaciones puede generar ansiedad días antes del encuentro, y el malestar puede extenderse después, alimentando la insatisfacción corporal.

Identificar los propios límites es clave para proteger la salud emocional en Navidad. Preparar respuestas breves para evitar conversaciones incómodas como “prefiero no hablar de ese tema” permite marcar límites sin generar confrontaciones.

Tomar pequeños descansos, retirarse momentáneamente del espacio compartido o apoyarse en personas respetuosas del entorno familiar ayuda a regular las emociones y reconectar con el disfrute. Ajustar las expectativas personales y reducir la autocrítica también resulta fundamental.

Los especialistas coinciden en que intentar compensar la comida antes o después de una celebración suele aumentar la ansiedad y debilitar la relación con el cuerpo. El autocuidado, en estas fechas, implica priorizar el bienestar emocional y reconocer que disfrutar de la comida no debe ser motivo de castigo.

Celebrar sin presiones

Las reuniones navideñas no deberían girar en torno al control del cuerpo ni a la alimentación. Promover entornos seguros y respetuosos permite que cada persona viva las fiestas desde el disfrute y no desde la presión.

Buscar acompañamiento psicológico, cuando sea necesario, puede ser una herramienta valiosa para fortalecer la relación con el cuerpo y establecer límites saludables. En Navidad, cuidar la salud emocional también es parte de celebrar.

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