Un nuevo análisis de sangre no invasivo y de bajo costo podría transformar el diagnóstico de la endometriosis, una enfermedad crónica que hoy tarda entre 6 y 8 años en ser identificada. El avance permitiría reducir la dependencia de cirugías invasivas y detectar la enfermedad en etapas más tempranas.
La endometriosis se caracteriza por el crecimiento de tejido similar al endometrio fuera del útero, generalmente en la región pélvica, y puede provocar dolor intenso y deterioro significativo de la calidad de vida. Durante décadas, el diagnóstico definitivo ha dependido de la laparoscopia, una cirugía invasiva considerada el “estándar de oro”, pero que implica riesgos, altos costos y, en muchos casos, múltiples intervenciones.
El avance fue desarrollado por la empresa australiana Proteomics International, en colaboración con el Royal Women’s Hospital y la Universidad de Melbourne. El estudio utilizó técnicas de proteómica para analizar miles de proteínas presentes en el plasma sanguíneo y evaluar su potencial como biomarcadores de endometriosis.
En una fase inicial, los investigadores analizaron muestras de sangre de 56 personas, con y sin diagnóstico de endometriosis, y detectaron 48 proteínas asociadas a la enfermedad. Posteriormente, el hallazgo fue validado en una cohorte independiente de más de 749 participantes.
HALLAZGOS CLAVE
Tras la validación, se identificaron 10 biomarcadores plasmáticos con alta precisión predictiva para el diagnóstico de endometriosis. Estos biomarcadores mostraron mayor fiabilidad que el marcador tradicional CA-125, que hoy se considera insuficiente como prueba diagnóstica independiente.
Según Peter Rogers, profesor de Investigación en Salud Femenina de la Universidad de Melbourne, “este descubrimiento supone un avance emocionante en el diagnóstico de esta enfermedad debilitante”.
La posibilidad de diagnosticar la endometriosis mediante una simple extracción de sangre permitiría identificar la enfermedad años antes, reducir la progresión del daño físico y evitar cirugías repetidas. Para muchas pacientes, esto podría significar un cambio radical en su trayectoria clínica.
Casos como el de Maddy Foster, diagnosticada con endometriosis severa en etapa 4 tras múltiples pruebas y seis cirugías, reflejan el impacto del retraso diagnóstico. “Mi vida nunca ha sido la misma desde mi diagnóstico oficial. Las opciones de tratamiento no son lo suficientemente buenas y solo causan más problemas”, ha señalado.
Aunque se requieren más estudios antes de su implementación clínica generalizada, este avance abre la puerta a un diagnóstico más temprano, accesible y menos invasivo. De confirmarse en la práctica clínica, el análisis de sangre podría redefinir el abordaje de una enfermedad que durante años ha sido subdiagnosticada y subtratada.
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