El cáncer de ovario continúa siendo uno de los tumores ginecológicos más complejos en la práctica oncológica. En Puerto Rico, la realidad no es distinta al resto del mundo, la mayoría de las pacientes recibe el diagnóstico cuando la enfermedad ya está avanzada.
La Dra. Adelba Torres, hematóloga oncóloga y subdirectora del Centro de Cáncer del Hospital Auxilio Mutuo, explicó que “lamentablemente, el 70 % de las veces el cáncer de ovario se presenta en etapa avanzada”.
Síntomas que no levantan sospecha
Uno de los principales retos es que los síntomas no son específicos. “Son síntomas que a lo mejor no les prestan mucha atención. Dolor pélvico, molestia general, un poco de pérdida de peso, cuando la paciente empieza a presentar este tipo de síntomas, muchas veces la enfermedad ya está en estadio 3 o 4”, detalló.
En etapa 3, el cáncer se considera localmente avanzado. En etapa 4, ya no es curable y la paciente requiere tratamiento continuo. “Es un tumor un tanto agresivo porque lo diagnosticamos en una etapa tardía”, subrayó.
Cuando el diagnóstico ocurre antes de etapa 4, las pacientes suelen someterse a cirugías extensas seguidas de quimioterapia. “A pesar de que hemos mejorado muchísimo en los tratamientos, el porcentaje de pacientes que sufren recaídas es bien alto. Aproximadamente un 80 % puede recaer luego del tratamiento inicial”, indicó la especialista.
Más allá del diagnóstico
La oncología moderna ha cambiado el abordaje de esta enfermedad. “Ya más allá de decir que es cáncer de ovario, identificamos cambios genéticos, mutaciones y biomarcadores que pueda tener ese tumor”, explicó la Dra. Torres.
Mediante secuenciación de ADN y estudios moleculares, se pueden detectar mutaciones para las cuales existen terapias dirigidas. “Si identificamos una mutación para la cual tenemos tratamiento, cambia la prognosis del paciente porque estamos atacando directamente lo que está causando el problema”, afirmó.
Estos tratamientos suelen ser menos tóxicos, prolongan el tiempo sin progresión y aumentan la sobrevida.
Algunas alteraciones genéticas, como BRCA1 y BRCA2, pueden estar asociadas a riesgo familiar. “Las asociamos mucho con cáncer de seno y cáncer de ovario, pero también pueden estar relacionadas con próstata y otros tumores”, explicó. Detectarlas no solo impacta el tratamiento, sino que permite orientar a familiares sobre riesgo y prevención.
Entre los avances más relevantes se encuentran los inmunoconjugados y los agentes antiangiogénicos. “Estas moléculas trasladan la quimioterapia directamente a las células tumorales para causar su muerte”, explicó.
Asimismo, los agentes antiangiogénicos han demostrado mejorar el pronóstico al atacar directamente los mecanismos de crecimiento del tumor.
Detrás de cada diagnóstico hay una paciente y una familia. Por eso, la combinación de educación, vigilancia clínica y medicina personalizada continúa siendo la mejor estrategia para enfrentar uno de los tumores ginecológicos más desafiantes.









