La prevalencia del trastorno del espectro autista (TEA) en Puerto Rico continúa en aumento y ya se posiciona entre las más altas registradas bajo la Red de Vigilancia de Autismo y Desórdenes del Desarrollo de los CDC. La cifra más reciente en la isla apunta a 1 de cada 21 niños de 4 años, lo que representa casi el 5 % de la niñez temprana.
“El autismo es una condición del neurodesarrollo que afecta la comunicación, el procesamiento sensorial y distintas áreas de la vida. Es una condición que dura toda la vida”, explica Joyce Dávila, directora ejecutiva de la Alianza de Autismo de Puerto Rico, en entrevista con PHL.
La organización cumple 22 años de trabajo continuo en la isla y ha sido testigo de un crecimiento sostenido en el diagnóstico. “Cuando comenzamos era 1 de cada 199 niños. El aumento ha sido exponencial”, subraya.
Aumento sostenido y cambio en el perfil epidemiológico
Aunque no existe una causa única identificada, Dávila señala que el autismo responde a una interacción epigenética entre genética y ambiente. No hay una causa única, sino una interacción compleja entre factores genéticos y ambientales.
“Ambiente es todo lo que respiramos, ingerimos o a lo que estamos expuestos. Vivimos en un mundo muy tóxico y eso puede influir”, indica. Sin embargo, recalca que más allá de las hipótesis, el dato concreto es el crecimiento constante de la prevalencia, fenómeno que la organización describe como un “crecimiento epidémico” por su velocidad, aunque no se trate de una condición transmisible. Se trata de un crecimiento acelerado, aunque no transmisible.
El aumento no solo implica más diagnósticos, sino también mayor demanda de servicios clínicos, educativos y sociales. Más diagnósticos significan mayor presión sobre el sistema de salud y educación.
Impacto estructural en educación especial y políticas públicas
El autismo es actualmente el cuarto diagnóstico más frecuente dentro de la población de educación especial en Puerto Rico y su matrícula ha aumentado casi cinco veces en los últimos 13 años. La matrícula en educación especial por autismo se ha multiplicado casi cinco veces en 13 años.
Se trata, además, de una condición compleja. Puede coexistir con epilepsia, discapacidad intelectual u otras condiciones concomitantes que elevan el nivel de apoyo requerido. El TEA puede coexistir con otras condiciones que incrementan el nivel de apoyo necesario.
“Es una condición costosa, pero no es un gasto, es una inversión”, afirma Dávila. “Si no se ofrece intervención temprana y apoyos adecuados, estamos hablando de personas que podrían necesitar asistencia de por vida”. La intervención temprana puede marcar la diferencia entre autonomía y dependencia permanente.
La Alianza ha impulsado legislación protectora, incluida la Ley 163 de agosto de 2024, que fortalece derechos y servicios. No obstante, la directora advierte que el reto no es solo aprobar leyes, sino implementarlas. El desafío no es legislar, sino garantizar el cumplimiento efectivo de la ley.
“Una cosa es tener la ley y otra cosa es que se cumpla. Ahí es donde estamos fallando”. Entre las preocupaciones actuales se encuentran ajustes en servicios educativos, como la asignación de asistentes en el salón de clases, figura que —según recalca— está protegida por legislación estatal y federal. La implementación real de los apoyos educativos sigue siendo una deuda pendiente.
Un desafío que exige acción coordinada
Más allá de las cifras, el aumento en la prevalencia del trastorno del espectro autista en Puerto Rico plantea un desafío estructural para el sistema de salud, la educación y las políticas públicas de la isla. El crecimiento sostenido exige planificación e inversión estratégica inmediata.
Para la Alianza de Autismo de Puerto Rico, el enfoque debe centrarse en la detección temprana, el acceso equitativo a servicios especializados y el cumplimiento riguroso del marco legal vigente. “No podemos hablar solo de estadísticas. Estamos hablando de niños, familias y futuros adultos que merecen oportunidades reales de desarrollo e inclusión”, enfatiza Dávila. Detección temprana y acceso equitativo son claves para la inclusión real.
En ese contexto, el debate ya no gira únicamente en torno a por qué aumentan los diagnósticos, sino a cómo el país se prepara para garantizar calidad de vida, inclusión educativa y autonomía funcional a una población en crecimiento. El reto ya no es entender el aumento, sino responder a él con acciones concretas.









