En la frontera entre Kenia y Uganda, Andrew Ochieng recorre aldeas rurales en motocicleta para detectar casos de leishmaniasis visceral (Kala-azar), una enfermedad parasitaria potencialmente mortal.
Ochieng no solo combate la enfermedad: la padeció en la infancia. Tras semanas de fiebre y prácticas tradicionales dolorosas, recibió tratamiento hospitalario con múltiples inyecciones. Hoy trabaja como movilizador comunitario de la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas, apoyando la identificación temprana y derivación de pacientes.
Una parasitosis con alta letalidad
La leishmaniasis visceral es transmitida por la picadura del flebótomo (mosca de la arena) y afecta órganos como el hígado y el bazo.
Según la Organización Mundial de la Salud:
- Más de 600 millones de personas están en riesgo.
- Entre 50.000 y 90.000 casos ocurren cada año.
- El 73% de los casos se concentra en África Oriental.
- Sin tratamiento, la mortalidad puede alcanzar el 95%.
Los síntomas incluyen fiebre prolongada, pérdida de peso, anemia y hepatoesplenomegalia. La mitad de los casos reportados ocurre en menores de 15 años.
Diagnóstico en terreno y vulnerabilidad social
En aldeas remotas, Ochieng realiza examen físico, incluyendo palpación del bazo, y aplica pruebas rápidas RK39 que detectan anticuerpos en minutos. También realiza tamizaje de VIH, ya que la coinfección aumenta significativamente el riesgo de desarrollar la forma visceral.
La enfermedad afecta principalmente a poblaciones en extrema pobreza, con desnutrición crónica, viviendas precarias y acceso limitado a servicios de salud. Factores como el cambio climático, la deforestación y la movilidad de comunidades seminómadas favorecen la transmisión.
En Uganda y Kenia, el tratamiento estándar combina estibogluconato de sodio (SSG) y paromomicina durante 17 días, con múltiples inyecciones y potenciales efectos adversos cardíacos y hepáticos.
Ensayos clínicos impulsados por DNDi han evaluado combinaciones con miltefosina, mostrando eficacias superiores al 90 % y menor carga para el paciente. Sin embargo, el acceso y las condiciones de vida siguen siendo determinantes clave para evitar recaídas y reinfecciones.
¿Es posible la eliminación?
Expertos sostienen que la eliminación de la leishmaniasis visceral es viable con diagnóstico temprano, acceso oportuno a tratamiento y fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica, como ha ocurrido en países asiáticos.
Mientras tanto, en las áridas tierras de África Oriental, cada jornada en motocicleta representa una oportunidad de interrumpir la transmisión y salvar vidas frente a una de las enfermedades parasitarias más letales y olvidadas del mundo.
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