“Lo que estamos viendo es que no todas las poblaciones tienen el mismo microbioma, y eso tiene implicaciones directas en la enfermedad”, explica la Dra. Filipa Godoy-Vitorino, al profundizar en uno de los hallazgos más relevantes para la práctica clínica.
Las diferencias en la composición del microbioma no solo describen diversidad biológica, sino que pueden explicar por qué algunas poblaciones presentan mayor riesgo de ciertas enfermedades o responden de manera distinta a los tratamientos, un aspecto especialmente relevante para Puerto Rico.
Microbioma vaginal y riesgo de infección persistente
“El Virus del Papiloma Humano (VPH) está más asociado a microbiomas inestables, dominados por bacterias anaeróbicas y menos lactobacilos”, señala la especialista. Este hallazgo redefine el abordaje de infecciones frecuentes. El microbioma vaginal funciona como una barrera biológica activa, y su alteración puede facilitar la persistencia de virus y otros patógenos, lo que incrementa el riesgo de progresión de la enfermedad.
Cuando este equilibrio se pierde, el impacto es clínicamente significativo. La disbiosis no solo altera el ecosistema microbiano, sino que puede modificar el curso natural de infecciones como el VPH, un factor clave en el desarrollo de cáncer cervicouterino.
Hacia terapias basadas en microbioma local
“No hay soluciones basadas en microbiomas de hispanos”, advierte la Doctora. La mayoría de los probióticos disponibles no están diseñados a partir de la microbiota de poblaciones latinoamericanas, lo que puede limitar su efectividad en contextos específicos como el puertorriqueño.
“Estamos tratando de aislar bacterias de mujeres sanas para poder proponer nuevos probióticos que respondan a nuestra población”, explica la microbióloga.
Este avance podría cambiar el paradigma terapéutico. La posibilidad de desarrollar intervenciones dirigidas al microbioma local permitiría restaurar el equilibrio microbiano de manera más precisa y mejorar los resultados clínicos.
El microbioma también define la respuesta a tratamientos
“Hay bacterias que protegen y que ayudan como coadyuvantes al tratamiento clínico”, señala la doctora. La evidencia muestra que el microbioma puede influir en la respuesta a terapias, incluyendo la inmunoterapia, lo que introduce una nueva variable en la toma de decisiones clínicas.
“Se ha visto pérdida de bacterias antiinflamatorias en pacientes que no responden al tratamiento”, detalla la profesora. Además, intervenciones no farmacológicas también juegan un papel. “Hay dietas antiinflamatorias que pueden mejorar significativamente los resultados del tratamiento”.
El microbioma no solo está involucrado en la enfermedad, sino en la eficacia de las intervenciones médicas, posicionándose como un posible biomarcador clínico en el futuro.
Factores ambientales y estilo de vida en Puerto Rico
“Todo lo que hacemos en nuestro estilo de vida tiene un impacto brutal en el microbioma”, advierte la profesora. En Puerto Rico, ya se identifican factores relevantes. “El bajo consumo de frutas y vegetales tiene un impacto directo en la biodiversidad microbiana”.
A esto se suman otros determinantes. “El uso de antibióticos, la calidad del aire, el tiempo en interiores… todo influye”, explica la especialista. Estos elementos están moldeando el microbioma de la población y podrían estar relacionados con la carga de enfermedad en la isla, lo que refuerza la necesidad de intervenciones integrales.
El mensaje final es contundente. “Mientras más biodiversos somos, más saludables somos”. Una afirmación que resume el desafío actual: entender y modular el microbioma podría redefinir la práctica médica y mejorar los resultados en salud en Puerto Rico.









