El uso de Adderall está aprobado para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y la narcolepsia. Bajo supervisión médica, es un tratamiento seguro y eficaz. Pero ¿qué sucede cuando lo consume una persona sana, sin diagnóstico y sin indicación clínica?
Un estudio publicado en Mayo Clinic Proceedings encontró que una sola dosis de 25 mg de anfetamina-dextroanfetamina puede generar cambios cardiovasculares notorios en apenas tres horas.
Aumentos claros en presión y pulso
La investigación, dirigida por la Dra. Anna Svatikova en la Mayo Clinic, incluyó a 30 adultos jóvenes sanos, sin TDAH y que nunca habían usado el medicamento.
Tras ingerir 25 mg, los participantes presentaron:
- Incremento de la presión arterial sistólica de 116 a 126 mm Hg.
- Aumento de la presión diastólica de 72 a 78 mm Hg.
- Elevación de la frecuencia cardiaca de 60 a 70 latidos por minuto.
- Mayor concentración de norepinefrina en plasma, marcador de activación del sistema nervioso simpático.
Estos cambios no se observaron cuando recibieron placebo.
Además, al ponerse de pie, se registró una respuesta llamativa: descenso de la presión sistólica acompañado de un aumento marcado de la frecuencia cardiaca, lo que sugiere alteraciones en la regulación cardiovascular.
Uso sin prescripción: una práctica en aumento
Los investigadores diseñaron el estudio para replicar el escenario de estudiantes que consumen Adderall sin receta médica como ayuda para estudiar o mantenerse despiertos.
Aunque existen reportes aislados que vinculan el uso indebido con eventos graves como infarto, accidente cerebrovascular o muerte súbita, este ensayo aporta evidencia fisiológica que ayuda a entender el posible mecanismo: una activación simpática intensa que eleva presión y pulso incluso en reposo.
Los autores advierten que el efecto podría ser mayor si el fármaco se combina con bebidas energéticas, una práctica común en periodos de exámenes.
No es la misma ecuación para todos
El psiquiatra Steven Pliszka, de UT Health San Antonio, enfatizó que el análisis riesgo-beneficio es distinto en pacientes con TDAH. En ellos, los estimulantes aportan beneficios clínicos comprobados.
Sin embargo, en personas sin diagnóstico, el riesgo cardiovascular puede no justificarse, especialmente considerando que no está claro que el medicamento mejore de forma significativa el rendimiento cognitivo en individuos sanos.
Especialistas recomiendan que quienes usan estos fármacos bajo prescripción controlen su presión arterial regularmente y consulten a su médico ante elevaciones persistentes.
El estudio, realizado entre 2018 y 2021 bajo un diseño doble ciego, no evaluó efectos a largo plazo ni incluyó personas con enfermedades cardiovasculares. Aun así, sus hallazgos son claros: incluso una sola dosis de 25 mg puede generar cambios cardiovasculares agudos en adultos jóvenes sanos.
Para quienes tienen TDAH, el tratamiento sigue siendo una herramienta válida cuando está bien indicado y supervisado. Para quienes no lo tienen, la evidencia refuerza un llamado a la prudencia frente al uso sin prescripción médica.
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