Infección agresiva por Pseudomonas amenaza la córnea en paciente con úlcera neurotrófica

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Úlcera corneal neurotrófica complicada con queratitis por Pseudomonas que requirió queratoplastia lamelar profunda y trasplante de membrana amniótica para preservar la integridad de la córnea.

“La queratitis neurotrófica requiere un enfoque multimodal para promover la cicatrización epitelial y evitar complicaciones graves como la perforación corneal”, señalaron los autores del caso publicado en Clinical Case Reports International. El reporte describe a un paciente de 80 años que desarrolló queratitis severa por Pseudomonas sobre una úlcera corneal neurotrófica, una combinación que puso en riesgo la integridad del ojo.

El paciente tenía antecedentes de queratopatía herpética recurrente, condición que provocó hipoestesia corneal significativa y favoreció la aparición de una úlcera neurotrófica persistente. En la evaluación con lámpara de hendidura se observó una gran úlcera paracentral con adelgazamiento estromal y presencia de hipopión, hallazgos compatibles con infección bacteriana agresiva.

La queratitis neurotrófica es una enfermedad degenerativa causada por daño en la inervación corneal, generalmente asociado a compromiso del nervio trigémino. La pérdida de sensibilidad reduce los mecanismos de defensa y la cicatrización del epitelio, favoreciendo úlceras persistentes, infecciones y riesgo de perforación corneal.

En este caso, el manejo inicial incluyó antibióticos fortificados para controlar la superinfección bacteriana por Pseudomonas. Tras lograr reducir la inflamación, los médicos optaron por una estrategia quirúrgica combinada debido al tamaño de la lesión y al marcado adelgazamiento corneal.

El tratamiento definitivo consistió en queratoplastia lamelar anterior profunda (DALK) asociada a trasplante de membrana amniótica trilaminar, técnica utilizada para favorecer la regeneración de la superficie ocular y estabilizar el injerto corneal. Además, se colocó una lente de contacto terapéutica para proteger el injerto durante el proceso de cicatrización.

La evolución clínica fue favorable. En los controles posteriores se observó adecuada integración del injerto, reducción del edema corneal y disminución de la hiperemia conjuntival, con formación estable de la cámara anterior. A los dos meses, el injerto permanecía bien integrado y la superficie ocular mostraba signos claros de recuperación.

Los autores destacan que las úlceras corneales neurotróficas pueden complicarse rápidamente con infecciones severas, por lo que requieren diagnóstico temprano y manejo escalonado que combine tratamiento antimicrobiano, cirugía corneal y estrategias para restaurar la sensibilidad corneal.

Fuente original aquí

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