Hígado graso infantil: “No se trata de cuánto se come, sino de lo que se come”

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Dra. Emille Reyes, gastroenteróloga pediátrica y especialista en enfermedades hepáticas en niños. Foto suministrada a PHL.

La alimentación infantil está cambiando, y con ella, también lo están haciendo los riesgos para la salud. La Dra. Emille Reyes, gastroenteróloga pediátrica y especialista en enfermedades hepáticas y trasplante de hígado en niños, advierte que el hígado graso infantil ya no es un problema aislado ni exclusivo del sobrepeso.

Por el contrario, responde a patrones alimentarios sostenidos en el tiempo que favorecen alteraciones metabólicas desde edades tempranas. Uno de los principales factores asociados al desarrollo de hígado graso en niños es el tipo de alimentación actual, caracterizada por una alta densidad calórica y baja calidad nutricional.

Según explica la especialista, las dietas ricas en azúcares añadidos, carbohidratos refinados y alimentos ultraprocesados están directamente relacionadas con la acumulación de grasa en el hígado. “Más que un alimento aislado, es el patrón global y sostenido en el tiempo lo que favorece la acumulación de grasa en el hígado”.

A esto se suma el bajo consumo de fibra, presente en frutas, vegetales y legumbres, así como la ingesta frecuente de comidas rápidas y el hábito del “picoteo” constante durante el día, sin una estructura alimentaria definida.

Bebidas azucaradas: el principal enemigo silencioso

Entre todos los factores dietarios, la Dra. Reyes enfatiza uno en particular: el consumo de bebidas azucaradas. Jugos comerciales, refrescos e incluso algunos productos que se promocionan como “naturales” contienen altas cantidades de azúcares, especialmente fructosa y jarabe de maíz, que se metabolizan casi exclusivamente en el hígado.

Este proceso favorece la lipogénesis, es decir, la formación de grasa en este órgano. “Estas bebidas son una fuente principal en la dieta de los niños y la mayoría son altamente ricas en azúcares”.

Un punto clave que destaca la especialista es que el hígado graso no depende únicamente de la cantidad de calorías consumidas. Un niño puede tener un peso normal, pero si su dieta es rica en azúcares simples, carbohidratos refinados y ultraprocesados, puede desarrollar alteraciones metabólicas. “No se trata de cuánto se come, sino de lo que se come”. Este fenómeno da lugar a lo que se conoce como niños metabólicamente no saludables, incluso con un peso aparentemente adecuado.

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Otro de los problemas frecuentes está en la interpretación de los productos alimenticios.

Términos como “light”, “fit” o “100 % natural” pueden generar una falsa percepción de salud, cuando en realidad muchos de estos productos contienen azúcares añadidos, sodio o aditivos. “Que diga ‘light’ no necesariamente significa que sea saludable”.

Por ello, la especialista recomienda revisar siempre la tabla nutricional y la lista de ingredientes, en lugar de confiar únicamente en el empaque frontal.

Señales de alerta que no deben ignorarse

El hígado graso en niños puede pasar desapercibido, pero existen signos clínicos y factores de riesgo que deben llamar la atención:

  • Aumento de la circunferencia abdominal
  • Antecedentes familiares de diabetes tipo 2 o enfermedad hepática
  • Presencia de acantosis nigricans (oscurecimiento de la piel, especialmente en el cuello)
  • Niveles elevados de colesterol y triglicéridos
  • Elevación de enzimas hepáticas
  • Sedentarismo y baja actividad física

“El hígado graso es una manifestación de un problema metabólico más amplio”. Frente a este panorama, la Dra. Reyes insiste en que la prevención y el manejo del hígado graso infantil no requieren medidas extremas, sino cambios consistentes en el estilo de vida.

Entre las principales recomendaciones se encuentran:

  • Reducir el consumo de azúcares añadidos, especialmente bebidas azucaradas
  • Priorizar alimentos naturales como frutas enteras, vegetales, granos integrales y proteínas de calidad
  • Establecer horarios de alimentación estructurados (desayuno, almuerzo y cena)
  • Evitar el picoteo constante
  • Fomentar la actividad física regular

“En muchos casos, pequeños cambios sostenidos son la clave para tener un buen impacto en la salud del hígado”. Incluso sin cambios drásticos en el peso, estas modificaciones pueden mejorar significativamente la salud metabólica y prevenir la acumulación de grasa en el hígado.

El hígado graso en niños es, en gran medida, prevenible. Sin embargo, requiere atención consciente a los hábitos diarios, especialmente en un entorno donde los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas forman parte de la rutina.

La clave, concluye la especialista, está en entender que la salud del hígado comienza con decisiones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, marcan la diferencia.

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