La reciente actualización de la guía clínica de la American Association for the Study of Liver Diseases marca un punto de inflexión en el manejo de la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica. En este nuevo enfoque, la semaglutida emerge como una opción terapéutica eficaz para pacientes con MASH y fibrosis moderada a avanzada, respaldada por resultados del estudio ESSENCE.
Uno de los cambios más relevantes es que la selección de candidatos puede realizarse mediante pruebas no invasivas, como elastografía hepática (VCTE), resonancia (MRE) o biomarcadores séricos (ELF), reduciendo la dependencia de la biopsia. Este enfoque facilita la identificación de pacientes en escenarios clínicos reales y mejora el acceso al tratamiento.
En términos de eficacia, los hallazgos muestran que la semaglutida logra resolución de la esteatohepatitis sin empeorar la fibrosis y, en un porcentaje significativo, reduce el grado de fibrosis, lo que refuerza su papel dentro del arsenal terapéutico actual.
“El perfil de seguridad hepática fue favorable, sin interrupciones por elevación de enzimas hepáticas”, destacan los autores, subrayando que los efectos adversos más comunes fueron gastrointestinales y, en su mayoría, transitorios.
No obstante, el tratamiento requiere una vigilancia clínica cuidadosa. Eventos como pancreatitis, enfermedad biliar, compromiso renal o pérdida de masa muscular deben ser considerados, especialmente en pacientes con comorbilidades. Además, su uso no está indicado en cirrosis avanzada, lo que hace indispensable una adecuada estratificación previa.
En cuanto al seguimiento, aunque no existen marcadores únicos de respuesta, la reducción de ALT y de la rigidez hepática se asocia con mejoría histológica, lo que permite orientar decisiones clínicas. Por el contrario, la ausencia de mejoría puede requerir ajustes individualizados.
Finalmente, la guía enfatiza que la intervención sobre el estilo de vida continúa siendo el pilar del tratamiento, incluso en pacientes que reciben semaglutida. Este enfoque integral resulta clave en una enfermedad que trasciende el hígado y se vincula estrechamente con el riesgo cardiovascular y metabólico.
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