El cambio climático no solo impacta los ecosistemas y fenómenos meteorológicos: también podría estar transformando el comportamiento de los microorganismos. Así lo advierte el Dr. Arturo Casadevall, profesor de microbiología e inmunología de la Universidad Johns Hopkins, quien señala que el calentamiento global podría facilitar la adaptación de los hongos a temperaturas más altas, incluyendo la del cuerpo humano.
“Cuando el mundo se pone más caliente, los hongos se están adaptando. Algunos que hoy no son peligrosos podrían volverse patógenos si logran crecer a 37 grados”.
Un riesgo en evolución
Actualmente, muchas especies de hongos no representan una amenaza para los humanos debido a su incapacidad de sobrevivir a la temperatura corporal. Sin embargo, este escenario podría cambiar.
Según el Dr. Casadevall, existe una creciente preocupación de que en el futuro surjan nuevas enfermedades fúngicas, impulsadas por la adaptación térmica de estos organismos. Un ejemplo de esta tendencia es Candida auris, considerado uno de los primeros indicios de este fenómeno. Este hongo ha generado alertas globales por su resistencia a múltiples tratamientos y su capacidad de propagación en entornos hospitalarios.
Uno de los principales desafíos, advierte el experto, es la falta de investigación sobre los hongos presentes en el ambiente. “Hay muy pocos estudios para categorizar los hongos en la naturaleza. Es fundamental analizar su capacidad de tolerar temperatura y entender sus procesos bioquímicos”. Este conocimiento permitiría anticipar posibles riesgos y desarrollar tratamientos efectivos en caso de que nuevas especies comiencen a afectar a los humanos.
¿Quiénes están en mayor riesgo?
Las infecciones por hongos, también conocidas como micosis, afectan principalmente a poblaciones vulnerables, entre ellas:
- Personas con sistemas inmunológicos debilitados
- Pacientes con cáncer sometidos a quimioterapia
- Receptores de trasplantes de órganos
- Personas en tratamiento con medicamentos inmunosupresores
Además, quienes trabajan en entornos con alta exposición a hongos, como construcción, zonas boscosas o áreas desérticas, también enfrentan un mayor riesgo. El Dr. Arturo Casadevall advierte que los sistemas de salud, especialmente en países con recursos limitados, tienden a concentrarse en enfermedades actuales como COVID-19 o la influenza, lo que reduce su capacidad de anticiparse a nuevas amenazas.
“En la mayoría de los países, los sistemas de salud no están preparados para enfrentar nuevas enfermedades fúngicas”, señala.
Ante este panorama, el experto enfatiza la importancia de fortalecer la educación en todos los niveles:
- Formación médica para mejorar el diagnóstico
- Educación a la población sobre riesgos y prevención
- Impulso a la investigación científica
Asimismo, destaca la necesidad de fomentar el interés en la micología, una disciplina aún poco explorada, para aumentar el número de especialistas en el área. Aunque representan una amenaza potencial, los hongos también han sido fundamentales para el desarrollo de la medicina moderna. De ellos provienen tratamientos clave como la penicilina y fármacos inmunosupresores utilizados en trasplantes.
Además, desempeñan un rol esencial en los ecosistemas al reciclar nutrientes como el carbono y el nitrógeno. Para el Dr. Casadevall, la estrategia es clara: invertir en ciencia básica. “Estudiar la bioquímica de los hongos nos permitirá entender sus diferencias con los humanos y, eventualmente, diseñar nuevas medicinas”.
El mensaje final es contundente, a medida que el planeta se calienta, el riesgo de enfrentar enfermedades desconocidas aumenta. La ciencia, la educación y la anticipación serán claves para evitar que esta amenaza silenciosa se convierta en una crisis global.









