La COVID sigue siendo un desafío clínico por la diversidad de síntomas y la dificultad para identificar sus causas. Sin embargo, nueva evidencia sugiere que una alteración específica en los monocitos —células clave del sistema inmune— podría estar directamente relacionada con la inflamación crónica y el deterioro pulmonar en estos pacientes.
El estudio identificó un estado transcripcional particular denominado LC-Mo, presente en monocitos circulantes, que aparece con mayor frecuencia en personas que tuvieron infección leve a moderada y desarrollan síntomas prolongados. Este estado se asocia con niveles persistentemente elevados de citocinas inflamatorias como TNF, CCL2 y CXCL11, lo que indica una inflamación sistémica sostenida.
Además, se encontró que este perfil inmunológico se correlaciona con síntomas como fatiga y dificultad respiratoria, dos de las manifestaciones más comunes en la COVID persistente. Los pacientes con mayor expresión de este estado inmunitario también presentaron peor función pulmonar y menor oxigenación en sangre, lo que refuerza su impacto clínico.
Alteraciones inmunitarias que perpetúan los síntomas
A nivel molecular, los monocitos con estado LC-Mo muestran activación de vías como TGFβ y WNT–β-catenina, relacionadas con procesos inflamatorios y de fibrosis. Esto sugiere que el sistema inmune no solo permanece activado, sino que podría contribuir activamente al daño tisular, especialmente en los pulmones.
También se observaron respuestas alteradas del interferón, lo que indica una disfunción en la forma en que el sistema inmune responde a estímulos, incluso después de la fase aguda de la infección.
En muestras pulmonares, se identificaron células similares a estos monocitos con un perfil profibrótico, lo que podría explicar la persistencia de síntomas respiratorios y el desarrollo de secuelas a largo plazo.
El estudio encontró que las vías inflamatorias activadas en estas células se correlacionan con la gravedad de la fatiga, medida mediante escalas clínicas, así como con otros síntomas sistémicos.
Además, niveles elevados de TNF se asociaron con menor oxigenación arterial, lo que refuerza la relación entre inflamación persistente y compromiso pulmonar.
Estos hallazgos muestran que la COVID persistente no es solo una prolongación de la infección inicial, sino una condición con bases inmunológicas específicas y medibles.
Hacia nuevas estrategias diagnósticas y terapéuticas
La identificación de este estado inmunitario abre la puerta a nuevos biomarcadores que podrían mejorar el diagnóstico de la COVID persistente, así como a posibles estrategias terapéuticas dirigidas a modular estas vías inflamatorias.
En un contexto donde hasta el 10–20 % de las personas pueden desarrollar síntomas prolongados tras la infección, comprender estos mecanismos resulta clave para avanzar hacia un manejo más preciso y efectivo.
En conjunto, estos hallazgos aportan una visión más clara de la enfermedad y sugieren que intervenir sobre la desregulación inmunitaria podría ser fundamental para reducir la carga clínica de la COVID persistente.









