Las emergencias pediátricas no comienzan cuando el paciente cruza la puerta del hospital. Inician en casa, en la escuela, en una cancha o en la carretera, y en esos primeros minutos la respuesta de padres y cuidadores puede definir el desenlace.
Para la Dra. Milagros Martín, emergencióloga pediátrica, comprender qué constituye una verdadera urgencia médica es esencial para actuar con rapidez. “Qué cosas están entre la vida y la muerte es lo que queremos saber”, señala, al explicar que estas situaciones pueden dividirse en dos grandes grupos: condiciones médicas y traumas.
Más allá de la clasificación, el criterio fundamental es identificar aquello que compromete funciones vitales. “Cualquier cosa que afecte el sistema respiratorio de un niño o un adolescente es una emergencia”, advierte la especialista.
Respiración y sangrado son prioridades absolutas
Las alteraciones respiratorias representan una de las causas más críticas en pediatría. Dificultad para respirar, incapacidad para que entre aire, sonidos anormales o cambios en la coloración de labios y mucosas deben interpretarse como señales de alarma inmediata.
En lactantes, el riesgo suele estar asociado a atragantamientos; en niños mayores y adolescentes, a enfermedades como asma, bronquiolitis, influenza o COVID-19. En cualquiera de estos escenarios, el tiempo de reacción resulta decisivo.
Junto a ello, la pérdida de sangre constituye otra emergencia mayor. En casos de trauma, una hemorragia activa puede provocar un desenlace fatal en pocos minutos si no se controla a tiempo. “Antes de que llegue al hospital se puede desangrar. Necesita menos de cinco minutos para desangrarse”, explica la especialista.
Por eso, la primera acción debe ser ejercer presión directa con un paño, gasa o tela limpia sobre la herida. Si el sangrado continúa, no debe retirarse el material colocado; se añaden nuevas capas encima, manteniendo la compresión.
“Vamos a coger algún paño, ponerlo encima de la herida, apretar bien, hacer mucha presión”, detalla la doctora.
Cuando la lesión compromete una extremidad y la hemorragia no cede, puede requerirse un torniquete improvisado con una correa o tela resistente, ajustado entre dos y tres pulgadas por encima de la herida. “Presión, presión y más presión. Eso puede salvar una vida”, recalca.
Traumas frecuentes en la infancia y la adolescencia
Entre los traumas más comunes en urgencias pediátricas se encuentran los golpes en la cabeza, fracturas y lesiones deportivas. “Vemos mucho trauma en la cabeza”, afirma la Dra. Martín, al describir caídas frecuentes en lactantes, niños pequeños y adolescentes.
Las fracturas de extremidades, lesiones nasales y traumatismos faciales aparecen con frecuencia en deportes como fútbol, baloncesto y otras actividades recreativas. También persisten accidentes en parques de trampolines y actividades domésticas.
La evaluación clínica adecuada permite diferenciar entre lesiones que requieren intervención inmediata y aquellas que pueden manejarse mediante observación. En trauma craneal, existen protocolos específicos para evitar radiación innecesaria y detectar oportunamente lesiones intracraneales graves. “Tenemos unas guías que nos dan seguridad y tranquilidad para saber cuándo actuar más profundamente”, explica la emergencióloga.
Cuándo acudir inmediatamente a urgencias
Aunque no todos los golpes o caídas requieren hospitalización, existen signos que obligan a una valoración urgente. “Si hay pérdida de conciencia, sangrado, dificultad respiratoria o deformidad, tienen que ir a la sala de emergencia, definitivamente”, subraya la especialista.
Estas señales indican posible compromiso vital o lesión estructural que no debe esperar al día siguiente ni resolverse únicamente con observación en casa.
La preparación de padres y cuidadores sigue siendo una herramienta esencial en pediatría. Reconocer síntomas, actuar con calma y aplicar medidas básicas puede marcar la diferencia antes de llegar al hospital.









