El uso de redes sociales y dispositivos electrónicos se ha convertido en parte del día a día de niños y adolescentes. Sin embargo, su uso excesivo está generando preocupaciones cada vez mayores en el ámbito pediátrico. Así lo explica la Dra. Nerian Ortiz, Pediatra y Presidenta electa de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría, quien destaca que, aunque la tecnología ofrece beneficios, también implica riesgos significativos para la salud física y mental de la población pediátrica. Conoce la entrevista completa en el siguiente video:
Un fenómeno cotidiano con efectos reales
Para la especialista, el uso de la tecnología es inevitable, pero debe manejarse con cautela: “La tecnología tiene muchos beneficios, pero también son muchos los riesgos para la salud física y mental de nuestros niños y adolescentes”. La pediatra señala que el incremento del tiempo frente a pantallas está impactando directamente en el bienestar de los menores, lo que hace indispensable el rol activo de los padres y cuidadores. “Es importante nosotros como pediatras educar a las familias para establecer controles y saber exactamente qué es lo que nuestro niño está viendo”.
Uno de los aspectos más preocupantes es el aumento de problemas de salud mental asociados al uso prolongado de redes sociales y videojuegos. “Un niño o adolescente que pasa muchas horas en redes o videojuegos se asocia con rasgos de depresión, ansiedad y problemas de sueño”. La falta de descanso adecuado y el aislamiento social también contribuyen a deteriorar la salud emocional de los menores, especialmente en etapas de alta vulnerabilidad como la adolescencia.
La pandemia por COVID-19 marcó un punto de inflexión en los hábitos digitales de los niños. El confinamiento impulsó el uso de dispositivos como principal forma de entretenimiento y conexión social. “Los niños estuvieron en su casa encerrados por mucho tiempo y recurrieron a las redes y videojuegos como mecanismo para ocupar su tiempo”.
Aunque las plataformas digitales permitieron mantener cierto contacto social, también fomentaron el aislamiento de actividades fundamentales para el desarrollo.
Consecuencias físicas: obesidad, sedentarismo y problemas visuales
El impacto no es solo emocional. La Dra. Ortiz advierte sobre efectos físicos importantes asociados al sedentarismo:
“En la medida que el niño esté más tiempo frente a una pantalla, minimizamos la actividad física y eso va de la mano con cambios en el peso”. El aumento de la obesidad infantil, problemas del sueño, afecciones visuales y malos hábitos alimenticios son algunas de las consecuencias más frecuentes. “Vemos cómo se dispara ese peso en la curva de crecimiento y eso es preocupante”.
¿Cuánto tiempo de pantalla es adecuado?
La especialista es clara en cuanto a las recomendaciones según la edad:
- Menores de 2 años: no deben estar expuestos a pantallas, salvo para comunicación supervisada con familiares.
- Mayores de 2 años: uso limitado y siempre supervisado.
“Muchas aplicaciones dicen ser educativas, pero hay que tener mucho cuidado. La supervisión de los padres es clave”.
Además, enfatiza la importancia de equilibrar el tiempo digital con actividades físicas, sociales y de desarrollo.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Los padres deben estar atentos a cambios en el comportamiento de sus hijos. Algunas señales incluyen, alteraciones del sueño, cambios en la alimentación, aislamiento social, bajo rendimiento escolar, irritabilidad o cambios de ánimo. “Si el niño no quiere compartir o participar en actividades por estar en la pantalla, es una señal de alerta”. También advierte sobre riesgos como el acoso en línea y el contacto con desconocidos.
Aunque pueden ofrecer beneficios, como grupos de apoyo para niños con condiciones de salud, las redes también pueden afectar la autoestima. “Los influencers y el contenido que consumen pueden generar presión y hacer que el joven se sienta insuficiente”. Esto puede derivar en ansiedad, depresión y dificultades en la construcción de la identidad.
El rol clave del pediatra y la familia
La Dra. Ortiz resalta que las consultas pediátricas son un espacio fundamental para abordar este tema. “Aprovechamos las visitas para educar sobre el uso de redes y pantallas, no solo sobre vacunas o dieta”. El diálogo abierto entre padres, hijos y profesionales de la salud es esencial para prevenir riesgos y fomentar hábitos saludables.
Como presidenta electa, la Dra. Ortiz asegura que uno de sus principales enfoques será fortalecer la salud integral de la niñez. “Queremos trabajar la salud mental, la obesidad, la educación especial y fortalecer nuestro alcance comunitario”.
Además, enfatiza la necesidad de formar nuevas generaciones de pediatras comprometidos con el bienestar infantil. “El que nace necesita 100 % de un pediatra para un excelente cuidado de salud”.
El uso de redes sociales en la población pediátrica es una realidad que requiere atención urgente. La clave, según los expertos, no está en prohibir, sino en educar, supervisar y acompañar. La salud de niños y adolescentes depende, en gran medida, de cómo se gestione hoy su relación con la tecnología.









