Martha Lillard tenía apenas 5 años cuando contrajo poliomielitis durante uno de los brotes más graves registrados en Estados Unidos. La infección provocó una parálisis de los músculos responsables de la respiración y la llevó a depender de un pulmón de acero, un dispositivo que permanecería como parte de su vida durante más de siete décadas.
El pulmón de acero funciona mediante un sistema de ventilación mecánica por presión negativa. El cuerpo del paciente permanece dentro de una cámara metálica hermética, mientras un motor modifica la presión del aire alrededor del tórax para generar movimientos respiratorios similares a los de la respiración espontánea.
Cuando la máquina reduce la presión dentro del cilindro, se crea un vacío alrededor del cuerpo que provoca la expansión de la caja torácica y permite que los pulmones capten aire. Cuando la presión vuelve a aumentar, el tórax se contrae y el aire es expulsado, reproduciendo de manera mecánica el ciclo respiratorio.
Durante el auge de la poliomielitis en la década de 1950, decenas de miles de personas dependieron de estos dispositivos para sobrevivir a la insuficiencia respiratoria causada por la parálisis de los músculos respiratorios. Con la introducción de las vacunas y la reducción de los casos, el uso de los pulmones de acero disminuyó progresivamente y fue reemplazado por sistemas modernos de ventilación.
Lillard, sin embargo, continuó utilizando el dispositivo durante aproximadamente 73 años, convirtiéndose en una de las últimas pacientes en Estados Unidos en depender de esta tecnología de manera habitual. A pesar de las limitaciones físicas que implicaba permanecer varias horas al día dentro de la máquina, desarrolló estrategias para mantener una vida activa.
Según su familia, aprendió a conducir, pintar y cuidar a sus perros beagle, actividades que realizó durante décadas mientras se adaptaba a las exigencias de vivir con soporte respiratorio mecánico.
La paciente falleció a finales de junio a los 78 años. La causa oficial de muerte fue síndrome pospoliomielítico e insuficiencia pulmonar crónica. Su familia, sin embargo, considera que las consecuencias de la covid-19 persistente también pudieron contribuir a su deterioro de salud.
La historia de Lillard representa uno de los últimos capítulos de la era del pulmón de acero y permite dimensionar el impacto de la poliomielitis antes de la vacunación masiva. También evidencia la evolución de la medicina respiratoria, desde grandes dispositivos que utilizaban presión negativa para mantener la respiración hasta los actuales sistemas de ventilación y soporte respiratorio, diseñados para ofrecer mayor movilidad e independencia a los pacientes.
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