La obesidad no solo representa un desafío relacionado con el peso corporal. Sus efectos pueden extenderse a distintos órganos y sistemas, entre ellos el hígado, donde las alteraciones metabólicas pueden favorecer la acumulación de grasa y desencadenar un proceso progresivo de daño hepático.
Durante el simposio Obesidad 360, el Dr. Ahmed Morales Jorge, gastroenterólogo, explicó la estrecha relación entre la obesidad, la resistencia a la insulina y el desarrollo de hígado graso, una condición que puede permanecer silenciosa durante años antes de manifestarse mediante complicaciones.
La resistencia a la insulina, en el centro del problema
Según el especialista, el hígado graso puede considerarse un reflejo de las alteraciones metabólicas que acompañan a la obesidad. “El hígado graso es básicamente el espejo de lo que es nuestro metabolismo”. La resistencia a la insulina altera la manera en que el organismo maneja los azúcares y las grasas, favoreciendo que parte de esa grasa termine acumulándose en el hígado. “Esa grasa lo que provoca es daño eventual en el hígado”.
El problema surge cuando esta acumulación comienza a producir daño hepático. Con el tiempo, puede desarrollarse fibrosis, un proceso caracterizado por la formación de tejido cicatricial en el órgano. Si los factores metabólicos no se corrigen, la fibrosis puede progresar hasta convertirse en cirrosis, una etapa avanzada de la enfermedad hepática.
Uno de los mayores retos que señaló el gastroenterólogo es que, “muchos de estos pacientes no tienen ningún síntoma asociado al hígado”. Esto significa que una persona puede convivir con alteraciones hepáticas sin saberlo y descubrir la enfermedad cuando ya existe una complicación.
El Dr. Morales Jorge explicó que algunos pacientes llegan al hospital por manifestaciones graves como encefalopatía hepática, sangrado gastrointestinal o acumulación de líquido en el abdomen, y es durante esa evaluación cuando se identifica que presentan cirrosis. “Lo que estamos viendo es este boom de cirróticos que nunca bebieron alcohol en su vida”.
Esta realidad también ha contribuido a cambiar la percepción tradicional sobre la enfermedad hepática, ya que actualmente se observan pacientes con cirrosis que no tienen antecedentes de consumo de alcohol.
Evaluar el grado de fibrosis es clave
Una vez identificado el hígado graso, los especialistas deben determinar qué grado de afectación existe. El Dr. Morales Jorge explicó que durante muchos años la biopsia hepática fue una herramienta fundamental para evaluar el daño.
Sin embargo, los avances en las técnicas diagnósticas han permitido incorporar métodos menos invasivos. Uno de ellos es la elastografía, conocida comúnmente como FibroScan, una técnica especializada que permite obtener información sobre la cantidad de grasa presente en el hígado y estimar el grado de fibrosis. “Ahí podemos medir exactamente cuánta grasa tiene el hígado y, a su vez, nos da la información de la fibrosis que pueda tener el paciente”.
Determinar la etapa de la enfermedad permite establecer con mayor precisión las alternativas de manejo y detectar a los pacientes que todavía se encuentran en una fase en la que es posible modificar su evolución.
El especialista también destacó los avances que se han producido en el tratamiento de las enfermedades hepáticas relacionadas con alteraciones metabólicas. “Han salido medicamentos revolucionarios que ya han hablado alguno de ellos, como los agonistas de GLP-1” Los agonistas del receptor GLP-1, son medicamentos utilizados en el manejo de la obesidad que también han sido objeto de investigación por sus posibles beneficios sobre las complicaciones metabólicas y hepáticas.
Asimismo, destacó resmetirom, un tratamiento dirigido a determinados pacientes con enfermedad hepática asociada a alteraciones metabólicas y fibrosis en etapas específicas, antes de que la enfermedad evolucione a una cirrosis avanzada.
Sin embargo, para el gastroenterólogo, el tratamiento farmacológico debe formar parte de una estrategia más amplia. La reducción de peso puede desempeñar un papel fundamental en la mejoría del perfil metabólico y, con ello, en el manejo del hígado graso. El abordaje puede incluir cambios en el estilo de vida, medicamentos y cirugía bariátrica, dependiendo de las características de cada paciente.
El Dr. Admed Morales, enfatiza en que “la clave está en identificar la obesidad y sus consecuencias a tiempo, antes de que el daño hepático avance”. La evaluación médica resulta especialmente importante porque el hígado graso puede evolucionar de manera silenciosa. Detectarlo y determinar si existe fibrosis permite intervenir de forma oportuna y reducir el riesgo de llegar a complicaciones más graves como la cirrosis.









