Un hombre de 57 años presentó una masa ulcerada de 4 × 3 cm en el piso izquierdo de la boca, con compromiso de la lengua y adenopatías cervicales. La biopsia confirmó carcinoma escamocelular. Se realizó resección ampliada del tumor, disección ganglionar y reconstrucción mediante un colgajo libre anterolateral del muslo.
Para reducir el riesgo de contaminación entre ambos campos quirúrgicos se utilizaron equipos e instrumental separados, barreras estériles y cambios de guantes, batas e instrumental después de la resección tumoral. La patología clasificó el tumor como T3N3bMx, estadio IV, sin invasión ósea. El paciente recibió posteriormente radioterapia y quimioterapia con cisplatino.
Cinco meses después, apareció una masa de 3 × 2 cm bajo la cicatriz del muslo, precisamente en el sitio donde se había obtenido el colgajo. La ecografía mostró una lesión subcutánea de 30 × 23 × 18 mm y la tomografía confirmó una masa de aproximadamente 21 × 22 mm. La resección reveló carcinoma escamocelular metastásico.
En ese mismo momento se identificaron otras dos masas, una en la espalda y otra en la pared torácica, que también correspondieron a carcinoma escamocelular. Siete meses después de la cirugía, el paciente desarrolló recurrencia local y múltiples metástasis sistémicas, y falleció 10 meses después de la intervención inicial.
La localización de la primera lesión metastásica exactamente en la incisión del sitio donante y antes de la diseminación sistémica evidente llevó a los autores a considerar la implantación tumoral durante la cirugía como el mecanismo más probable. Sin embargo, la presencia simultánea de lesiones en tórax y espalda impide descartar una diseminación hematógena; la ausencia de estudios de clonabilidad molecular tampoco permite demostrar de manera definitiva el origen de la lesión.
El caso resalta la importancia de mantener estrictamente el principio de “no dejar células tumorales atrás” durante la cirugía oncológica. El uso de campos e instrumental separados, cambio de guantes y batas, mínima manipulación tumoral, barreras físicas y adecuada irrigación pueden ayudar a reducir el riesgo de contaminación entre el sitio tumoral y el sitio donante.
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