Un bebé no necesita una piscina ni una playa para correr riesgo de ahogamiento. Tan solo una o dos pulgadas de agua pueden ser suficientes para provocar una tragedia cuando el niño aún no ha desarrollado la fuerza necesaria para levantar la cabeza y salir por sí mismo.
«Los niños, sobre todo los bien pequeñitos, no tienen la fortaleza muscular para levantar su torso si están cabeza abajo en un nivel de agua, aunque sea de una a dos pulgadas», explicó la Dra. Carmen Suárez Martínez, pediatra y miembro de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría.
La vulnerabilidad comienza desde los primeros meses

El mayor riesgo está relacionado con el desarrollo físico del lactante. Los músculos del cuello, los brazos y la parte superior del cuerpo todavía no tienen la fuerza suficiente para incorporarse cuando la boca y la nariz quedan sumergidas.
«Los bebés no tienen la capacidad de empujarse y sacar la cabeza fuera de esa área», señaló la especialista. Como consecuencia, el bebé permanece con la vía aérea bajo el agua sin poder reaccionar.
La vulnerabilidad aumenta cuanto menor es la edad. «Mientras más pequeños, más vulnerables», advirtió la pediatra, quien recordó que los niños entre 1 y 4 años también representan uno de los grupos con mayor riesgo de ahogamiento.
El peligro también está dentro del hogar
Aunque muchas familias asocian el ahogamiento con piscinas o playas, los accidentes ocurren con frecuencia en espacios cotidianos como la bañera del bebé, cubetas, neveras con hielo o cualquier recipiente que acumule agua.

La especialista describió una situación frecuente: «Se le olvidó la toalla, sonó el teléfono o tocaron la puerta. Se distrajo varios segundos, aunque sean 20 segundos; cuando regresa puede encontrar a su bebé sin vida«.
Además, el ahogamiento infantil suele ocurrir de forma silenciosa. «Ellos no gritan. No pueden hacer mucho más que sencillamente estar ahí y esperar que alguien los rescate», explicó.
La prevención depende de la supervisión constante
Para la pediatra, el principal factor detrás de estos accidentes es la distracción del adulto responsable. Por ello recomienda mantener siempre al bebé al alcance de la mano, vaciar inmediatamente los recipientes con agua después de utilizarlos y colocar barreras de seguridad y alarmas cuando exista una piscina en el hogar.
«No podemos dejar a un niño supervisando a otro niño en el agua«, enfatizó la experta.
La especialista recordó que unos pocos segundos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte, por lo que ninguna llamada, tarea doméstica o distracción justifica dejar solo a un lactante cerca del agua.









