Calor pasivo activa respuestas cardiovasculares

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El calor modifica la circulación, pero sus beneficios clínicos aún tienen límites.

La terapia de calor pasivo, que incluye saunas, baños calientes y salas de vapor, provoca vasodilatación, aumenta la frecuencia cardíaca y eleva el flujo sanguíneo cutáneo. Estos efectos han despertado interés por su posible impacto cardiovascular, respiratorio y dermatológico, aunque la evidencia varía según el tipo de exposición.

Durante una sesión de sauna, por ejemplo, la frecuencia cardíaca puede alcanzar 120-150 latidos por minuto, mientras que estudios experimentales han observado descensos transitorios de la presión arterial. Sin embargo, una revisión sistemática de 20 ensayos clínicos publicada en 2025 no encontró beneficios significativos consistentes en la mayoría de los marcadores cardiometabólicos y vasculares.

En la piel, el calor húmedo puede aumentar temporalmente la circulación y la hidratación superficial. No obstante, no existe evidencia suficiente para afirmar que el vapor produzca mejoras duraderas de la barrera cutánea ni que “desintoxique” el organismo mediante la sudoración.

En el sistema respiratorio, el aire caliente y húmedo puede aliviar temporalmente la sensación de congestión, pero el vapor no ha demostrado eliminar virus de las vías respiratorias ni curar infecciones. Algunos estudios preliminares sugieren posibles cambios en la función pulmonar, pero se necesitan investigaciones adicionales.

La terapia de calor también genera respuestas celulares como la activación de proteínas de choque térmico (HSP), relacionadas con la protección frente al estrés celular. Sin embargo, estos mecanismos no significan necesariamente beneficios clínicos a largo plazo.

Los especialistas advierten que la exposición excesiva puede provocar deshidratación, hipotensión, mareos y sobrecarga cardiovascular. Además, inhalar vapor de agua hirviendo mediante recipientes o teteras puede ocasionar quemaduras graves, especialmente en niños.

Por ahora, la evidencia respalda considerar el calor pasivo como una intervención complementaria, no como sustituto del ejercicio, los tratamientos médicos ni las estrategias preventivas con eficacia comprobada.

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