Cannabis no aumentó los latidos cardíacos irregulares en usuarios habituales, según estudio

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Un estudio encontró una reducción del 9 % en los latidos ectópicos, pero los investigadores advierten que aún no se puede hablar de un efecto protector cardiovascular.

Un estudio aleatorizado de tipo cruzado encontró que las personas que consumían cannabis habitualmente presentaron menos latidos cardíacos ectópicos, latidos adicionales o prematuros, durante los días en que inhalaron cannabis, en comparación con los días en que se abstuvieron.

La investigación, publicada en el Journal of the American College of Cardiology, incluyó a 108 adultos que fumaban o vapeaban cannabis con regularidad y que no tenían antecedentes de arritmias cardíacas diagnosticadas clínicamente.

Durante los días de consumo se registró una reducción del 9 % en los latidos ectópicos, con una mediana de 13 latidos por día frente a 13,8 durante los días de abstinencia. “La interpretación más conservadora de estos datos puede ser la evidencia clara de que el cannabis inhalado no aumentó la ectopia cardíaca”.

Así lo señalaron Gregory Marcus, MD, MAS, de la Universidad de California en San Francisco, y sus colaboradores, quienes enfatizaron que los resultados deben interpretarse con cautela.

La reducción estuvo relacionada con las contracciones auriculares prematuras

El cambio observado en la cantidad total de latidos ectópicos estuvo impulsado principalmente por una disminución de las contracciones auriculares prematuras (PACs). Los participantes registraron una mediana de 7 PACs durante los días de consumo de cannabis, frente a 9,75 durante los días de abstinencia. Esto representó una reducción aproximada del 10 %.

En cambio, las contracciones ventriculares prematuras (PVCs) no mostraron diferencias significativas: la mediana fue de 3 durante los días de cannabis y de 2,75 durante los días sin consumo. Los investigadores señalaron que, hasta donde conocen, ningún ensayo aleatorizado previo había demostrado que una exposición común o un factor relacionado con el estilo de vida pudiera modificar la cantidad de PACs.

El hallazgo plantea una interrogante importante: si una menor cantidad de contracciones auriculares prematuras podría traducirse eventualmente en una reducción del riesgo de fibrilación auricular (FA). Los autores recordaron que investigaciones previas han relacionado la frecuencia de PACs con el desarrollo posterior de fibrilación auricular. Incluso, en determinados pacientes, la eliminación de estas contracciones se ha asociado con la prevención de episodios de FA.

Sin embargo, el nuevo estudio no evaluó la fibrilación auricular como resultado clínico, por lo que no es posible afirmar que consumir cannabis reduzca el riesgo de desarrollar esta arritmia.

¿Cómo se realizó la investigación?

Los participantes fueron asignados aleatoriamente, mediante mensajes de texto, a inhalar cannabis o abstenerse completamente cada día durante un período de 14 días.

El cannabis inhalado podía ser consumido mediante:

  • Cigarrillos o porros.
  • Blunts.
  • Pipas.
  • Bongs.
  • Dispositivos de vapeo.

Durante el seguimiento, los participantes utilizaron un parche de electrocardiograma (ECG) con registro continuo, además de un dispositivo Fitbit para monitorear actividad física y sueño. Durante los primeros 10 días también utilizaron un monitor continuo de glucosa. Los investigadores no encontraron diferencias significativas entre los días de consumo y abstinencia en cantidad de pasos, duración del sueño o niveles de glucosa.

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En total, se registraron 713 días asignados al consumo de cannabis y 616 días de abstinencia. A pesar de que el estudio fue aleatorizado, los propios investigadores reconocieron varias limitaciones que impiden establecer una relación causal definitiva.

Entre ellas se encuentran la adherencia imperfecta a las instrucciones, la posibilidad de efectos de arrastre entre los días de consumo y abstinencia, la heterogeneidad en los productos utilizados y la baja cantidad de latidos ectópicos registrada al inicio.

Además, los participantes sabían si estaban consumiendo cannabis o absteniéndose, por lo que no hubo cegamiento. “Dada la adherencia imperfecta, el posible efecto de arrastre, la heterogeneidad de la exposición, la baja carga basal de ectopia y los múltiples análisis exploratorios, las implicaciones clínicas siguen siendo inciertas”.

Otro aspecto relevante es que los participantes utilizaron sus propios productos de cannabis, lo que permitió estudiar una exposición más cercana a la vida cotidiana, pero dificultó determinar qué componentes específicos del cannabis podrían estar relacionados con los resultados.

El estudio no evaluó los efectos a largo plazo

Gregory Marcus también advirtió que la investigación fue diseñada para estudiar los efectos cardiovasculares agudos del cannabis y no sus consecuencias sobre la salud a largo plazo. “Los efectos generales sobre la salud del cannabis inhalado todavía pueden ser negativos en términos netos”.

Según el investigador, los resultados podrían ayudar a comprender mejor los mecanismos biológicos involucrados en las contracciones auriculares prematuras y, eventualmente, contribuir al desarrollo de nuevas estrategias para prevenir o tratar determinadas alteraciones del ritmo cardíaco. El ensayo tampoco analizó otros posibles efectos de la inhalación aguda de cannabis y no recopiló información sobre el consumo de alcohol, un factor que también puede estar relacionado con un aumento de PACs y PVCs.

Los resultados no demuestran que el cannabis sea beneficioso para el corazón ni que deba utilizarse para prevenir arritmias.

Más bien, el principal hallazgo del estudio es que, en este grupo específico de consumidores habituales sin antecedentes de arritmias, el cannabis inhalado no se asoció con un aumento de los latidos ectópicos y se observó una pequeña reducción, principalmente en las PACs. Los propios investigadores consideran que se necesitan estudios adicionales para determinar si esta asociación tiene alguna relevancia clínica y comprender qué mecanismos podrían explicar el fenómeno.

Datos clave del estudio

  • 108 participantes fueron incluidos.
  • La edad promedio fue de 32 años.
  • 59 % eran mujeres.
  • Ninguno tenía diabetes y 8 % tenía hipertensión.
  • El 63 % reportó utilizar porros y el 57 % cartuchos de vapeo.
  • El consumo variaba desde una a cuatro veces al mes hasta tres o más veces al día.
  • Menos de un tercio consumía simultáneamente tabaco o nicotina.

Aunque el estudio encontró una reducción inesperada de los latidos ectópicos durante los días de consumo de cannabis, sus limitaciones hacen que sea prematuro interpretar este resultado como un efecto protector cardiovascular. El dato más sólido, según los propios investigadores, es que el cannabis inhalado no aumentó la ectopia cardíaca en esta población durante el período estudiado.

Fuente original aquí

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