Cafeína pasa de “villana” a posible aliada de la salud cardiovascular

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La evidencia actual sugiere que hasta 400 mg de cafeína al día pueden ser seguros para la mayoría de los adultos, aunque no todas las bebidas con cafeína tienen los mismos efectos.

La cafeína ha tenido una reputación cambiante en la medicina. Durante décadas, su consumo fue cuestionado especialmente por la cardiología debido a sus efectos inmediatos sobre la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la excitabilidad del corazón. Sin embargo, investigaciones más recientes han mostrado que estos efectos agudos no necesariamente reflejan lo que ocurre cuando el consumo es habitual y moderado.

De hecho, la evidencia disponible actualmente sugiere que, para la mayoría de los adultos, el consumo moderado de cafeína puede ser seguro e incluso asociarse con un menor riesgo de algunos eventos cardiovasculares. El recorrido de la cafeína, de “villana” a “heroína”, también deja una lección importante: en ciencia, una explicación biológica aparentemente lógica no siempre se traduce en el efecto clínico que observamos en las personas.

Un efecto inmediato que no cuenta toda la historia

La cafeína es una metilxantina con propiedades estimulantes que aumenta el estado de alerta y disminuye la sensación de sueño. Al actuar sobre el sistema nervioso autónomo simpático, puede provocar temporalmente un aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca.

Estos efectos fueron una de las razones por las que durante años se recomendó precaución con el café y otras bebidas con cafeína, especialmente en el ámbito cardiovascular.

Sin embargo, los estudios a largo plazo cuentan una historia diferente. Según la evidencia revisada por el Dr. Ariel Kraselnik, los efectos sobre la presión arterial y la frecuencia cardíaca parecen ser menos importantes con el consumo habitual, mientras que el consumo moderado de café se ha asociado con una reducción del riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y algunas arritmias. “Las acciones agudas de una sustancia, nutriente o alimento, pueden no coincidir con sus efectos a largo plazo”.

¿Y qué pasa con las arritmias?

Uno de los puntos que más llama la atención es la relación entre café y arritmias.

Aunque la cafeína puede aumentar la excitabilidad del corazón desde el punto de vista fisiológico, los estudios en humanos no muestran que el consumo moderado de café incremente el riesgo de arritmias.

Incluso, un ensayo clínico realizado en personas con fibrilación auricular encontró que quienes consumían al menos una taza de café al día presentaron un 39 % menos de riesgo de recurrencia de la arritmia en comparación con quienes no bebían café. Esto plantea una pregunta interesante: si la cafeína puede aumentar la excitabilidad del corazón, ¿por qué el café no necesariamente aumenta las arritmias?

La explicación podría estar en la interacción de múltiples componentes y mecanismos biológicos. Entre las posibles hipótesis se encuentran efectos sobre el sistema nervioso, los receptores de adenosina, la presión arterial y procesos inflamatorios. La conclusión es clave: un mecanismo biológico aislado no permite predecir por sí solo el efecto clínico de un alimento.

No es lo mismo cafeína que café

Otra de las lecciones que deja esta revisión es que no se debe asumir que los efectos de una sustancia aislada son idénticos a los del alimento que la contiene.

En nutrición, este error se conoce como “nutricionismo”: atribuir a un alimento completo los efectos de uno de sus componentes.

El ejemplo resulta especialmente interesante. Mientras las bebidas energéticas con altas cantidades de cafeína pueden elevar significativamente la presión arterial, el café contiene otros compuestos que podrían modificar su efecto en el organismo.

Uno de ellos es el ácido clorogénico, al que se atribuyen propiedades antiinflamatorias y vasodilatadoras.

Además, las bebidas energéticas suelen contener grandes cantidades de azúcar y otros aditivos, y generalmente se consumen rápidamente. Por eso, dos productos con cafeína pueden tener efectos biológicos muy diferentes. “Los efectos biológicos de una sustancia aislada no reflejan necesariamente los efectos de un alimento que contiene dicha sustancia”.

La respuesta requiere matices.

Los primeros estudios observacionales encontraron una asociación entre el consumo de café y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, investigaciones posteriores identificaron factores de confusión que podían alterar esos resultados.

Uno de ellos fue el tabaquismo: las personas que consumían más café también podían presentar mayores tasas de tabaquismo, lo que dificultaba determinar qué factor estaba realmente relacionado con el riesgo cardiovascular.

Con metodologías epidemiológicas más avanzadas, los estudios posteriores encontraron una asociación inversa entre el consumo de café, hasta aproximadamente cuatro tazas al día, y el riesgo cardiovascular.

¿Cuánta cafeína se considera moderada?

La evidencia revisada señala que un consumo de hasta 400 mg de cafeína al día, equivalente aproximadamente a 3-5 tazas de café, parece ser seguro para la mayoría de los adultos.

Además, este nivel de consumo se ha asociado con un menor riesgo de eventos cardiovasculares como infarto, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular, así como con menor riesgo de hipertensión arterial y diabetes. Sin embargo, esto no significa que todas las personas respondan de la misma manera ni que “más café” sea necesariamente mejor.

Una de las principales limitaciones de la evidencia actual es que gran parte de los estudios se han concentrado en el consumo de café, por lo que los efectos de otras bebidas con cafeína, como el té o el mate, están menos claros.

En el caso de las bebidas energéticas, la evidencia disponible apunta hacia efectos cardiovasculares desfavorables, por lo que el artículo no recomienda su consumo habitual.

La historia de la cafeína también muestra cómo evoluciona el conocimiento médico. Lo que durante años parecía una conclusión sencilla ,“la cafeína estimula el corazón, por lo tanto puede ser perjudicial”, se volvió mucho más complejo cuando los investigadores comenzaron a estudiar los efectos a largo plazo, los patrones de consumo, los componentes de los alimentos y los factores que pueden alterar los resultados.

Por eso, más que pasar de considerar a la cafeína una “villana” a convertirla en una “heroína”, la evidencia invita a entender que los efectos de los alimentos sobre la salud son complejos y dependen del contexto. Como señala el Dr. Ariel Kraselnik, el caso de la cafeína constituye también una oportunidad para practicar la humildad epistémica y mantener actualizadas las recomendaciones a medida que aparece nueva evidencia científica.

  • Hasta 400 mg de cafeína al día parecen ser seguros para la mayoría de los adultos.
  • Los efectos inmediatos de la cafeína sobre la presión arterial y la frecuencia cardíaca no necesariamente representan sus efectos a largo plazo.
  • El consumo moderado de café se ha asociado con un menor riesgo de algunos eventos cardiovasculares.
  • La cafeína presente en el café no debe analizarse de forma aislada: otros componentes del alimento también pueden influir.
  • Las bebidas energéticas no deben equipararse automáticamente con el café y su consumo habitual no es recomendado.
  • La evidencia científica continúa evolucionando y las conclusiones pueden cambiar a medida que mejoran los métodos de investigación.

Fuente original aquí

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