Uso de pantallas puede afectar el sueño y la salud infantil

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Dra. Madeline Santiago, pediatra y directora médica del Puerto Rico Children’s Hospital. Foto tomada por PHL.

El impacto de las pantallas en niños y adolescentes va más allá del número de horas frente a un dispositivo. El contenido, el momento del día, la interacción con el entorno digital y las actividades que desplaza pueden influir en el sueño, el aprendizaje, la salud física y el bienestar emocional.

“No es solamente el niño y la pantalla. Es todo lo que son las redes sociales, las plataformas, videojuegos, video, los algoritmos y los dispositivos móviles”, explicó la Dra. Madeline Santiago, pediatra y directora médica del Puerto Rico Children’s Hospital.

El tiempo de pantalla no es el único indicador

Las recomendaciones pediátricas han evolucionado hacia una evaluación más amplia del llamado ecosistema digital. En menores de 18 meses se recomienda evitar las pantallas, excepto para videollamadas. Entre los 18 meses y los 2 años, su uso debe minimizarse y, cuando se utilice, debe tratarse de contenido educativo y de alta calidad bajo supervisión adulta.

Entre los 2 y 5 años, la especialista señaló que se recomienda limitarlo a una hora, priorizando contenido educativo y supervisado. A partir de los 6 años y durante la adolescencia, el enfoque deja de ser un número específico de horas.

“Ya no estamos hablando de un número mágico de horas”, explicó la especialista. La pregunta es si ese tiempo está desplazando actividades fundamentales como “sus buenas horas de sueño, el tiempo de estudio, actividad física y obviamente lo que son las relaciones sociales y familiares”.

El sueño es uno de los principales afectados

Uno de los efectos que más preocupa a los pediatras es la reducción del sueño. “El sueño en los niños es un pilar fundamental para su desarrollo”, destacó la especialista. Durante el sueño se consolidan el aprendizaje y la memoria y se libera la hormona de crecimiento. Sin embargo, la exposición nocturna a dispositivos puede dificultar la conciliación del sueño.

“Sabemos y ya está evidenciado que esa luz azul afecta la producción de melatonina”, señaló la pediatra. A esto se suma que las notificaciones y los mensajes pueden mantener al cerebro en un estado de alerta constante. “Todo este contenido deja a este cerebro en un estado de alerta”, explicó.

La consecuencia puede manifestarse durante el día con dificultades de memoria, atención, concentración y aprendizaje, incluso con repercusiones en el desempeño escolar.

El impacto también alcanza al cuerpo

El uso prolongado de dispositivos también puede favorecer el sedentarismo y molestias musculoesqueléticas. La pediatra relató que ya recibe en consulta a menores que presentan dolor de espalda, cuello y cabeza asociado a permanecer durante largos períodos en una misma posición.

“Todo esto viene vinculado a todas esas largas horas que estamos en esta posición, sentado, solamente haciendo ese scroll”, afirmó la especialista y también mencionó el vínculo entre el sedentarismo y la obesidad como otra preocupación dentro de este escenario.

Para la Dra. Santiago, la solución no consiste en prohibir los dispositivos, sino en enseñar a utilizarlos de manera saludable. Entre sus recomendaciones están establecer un plan familiar de medios, crear horarios sin pantallas y retirar los dispositivos del dormitorio al menos una hora antes de dormir.

“No va a haber pantalla que sustituya la presencia y la conexión que los niños tienen con sus padres”, concluyó la especialista.

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