A los 13 años, Grace comenzó a experimentar un dolor menstrual incapacitante que la llevaba cada mes a urgencias. En algunas ocasiones, sus padres tuvieron que cargarla hasta el automóvil y, cuando los analgésicos que tenía en casa no eran suficientes, llegó a recibir morfina en el hospital.
Durante meses, sin embargo, sus síntomas fueron atribuidos a diferentes causas, entre ellas el síndrome de intestino irritable, un quiste, ansiedad o simplemente una menstruación dolorosa. La adolescente sentía que los profesionales de salud no tomaban en serio lo que estaba experimentando.
Su historia, recogida por BBC News Mundo, vuelve a poner sobre la mesa un tema relevante para la salud femenina: la posibilidad de endometriosis durante la adolescencia y la importancia de reconocer cuándo el dolor menstrual requiere una evaluación médica más profunda.
“Es como tener alambre de púas en el abdomen”
Grace comenzó a menstruar a los 11 años, pero dos años después el dolor se volvió insoportable. Lo describió como tener “alambre de púas caliente” alrededor del abdomen y como si le estuvieran desgarrando los órganos.
Los episodios podían dejarla en cama y afectar actividades cotidianas como asistir a clases, practicar educación física o salir con sus amigos.
Cuando el dolor se intensificaba y los medicamentos no eran suficientes, terminaba nuevamente en urgencias, donde recibió morfina, tramadol y co-codamol. La adolescente también manifestó preocupación por depender de analgésicos opioides para controlar sus síntomas.
Uno de los principales obstáculos en su caso fue precisamente su edad. Durante un periodo prolongado, Grace contó que le dijeron que no podía tener endometriosis porque era demasiado joven. Finalmente, después de que su familia insistiera en obtener una segunda opinión privada, recibió el diagnóstico.
La endometriosis ocurre cuando un tejido similar al revestimiento del útero crece fuera de este órgano y puede provocar dolor pélvico, menstruaciones abundantes y fatiga, entre otros síntomas. De acuerdo con los datos citados por BBC, afecta aproximadamente al 10 % de las mujeres.
Además, la enfermedad puede desarrollarse desde que comienzan las menstruaciones. La organización Endometriosis UK advierte que existe la idea equivocada de que únicamente afecta a mujeres adultas.
¿Cuándo el dolor menstrual puede ser una señal de alerta?
La ginecóloga pediátrica Gail Busby explicó que los dolores menstruales son frecuentes durante la adolescencia, pero existen señales que pueden indicar que la intensidad de los síntomas requiere mayor atención.
Entre ellas están faltar regularmente a clases, dejar de participar en educación física, no poder realizar actividades habituales o permanecer en cama durante la menstruación. “Cuando estás en la cama y tu mejor amiga es una bolsa de agua caliente, eso no es normal”, señaló Busby.
La especialista también destacó que el impacto de la enfermedad puede trascender el dolor físico. Los síntomas pueden interferir con la vida educativa, emocional y social de las adolescentes.
La detección de la endometriosis tampoco siempre es sencilla. Según los datos citados por BBC, el diagnóstico puede tardar en promedio nueve años en mujeres adultas, mientras que durante las primeras etapas de la enfermedad, especialmente en adolescentes, una ecografía puede no detectar la afección.
En el caso de Grace, la familia insistió hasta conseguir una segunda valoración. Posteriormente, la adolescente se sometió a una laparoscopia para eliminar las lesiones de endometriosis y recibió la recomendación de utilizar tratamiento hormonal para ayudar a disminuir el crecimiento del tejido y controlar el dolor.
Escuchar el dolor también es parte del diagnóstico


La experiencia de Grace refleja uno de los desafíos alrededor de la salud menstrual: diferenciar entre molestias frecuentes y síntomas que están interfiriendo significativamente con la vida diaria. “Tu dolor es real”, es uno de los mensajes que la adolescente quiere transmitir a otras jóvenes que atraviesan experiencias similares.
Para ella, hablar de lo ocurrido también representa una oportunidad para que otras adolescentes se sientan con la confianza de buscar ayuda cuando perciban que algo no está bien.
La historia pone el foco no solo en el diagnóstico de una enfermedad, sino también en la importancia de escuchar a las pacientes, reconocer los síntomas y evitar normalizar un dolor que limita la vida cotidiana.









