Tomar café, té u otras bebidas calientes forma parte de la rutina diaria de millones de personas. Sin embargo, la temperatura a la que se consumen podría ser un factor a considerar cuando se habla de salud del esófago.
Una investigación publicada en International Journal of Cancer, que analizó datos de 977.282 adultos del Reino Unido, encontró una asociación entre el consumo de bebidas descritas como “muy calientes” y un mayor riesgo de desarrollar carcinoma de células escamosas de esófago, uno de los principales subtipos de este cáncer.
Durante el seguimiento, los investigadores identificaron 2.348 casos de cáncer de esófago. De estos, 1.045 correspondieron a carcinoma de células escamosas y 1.303 a adenocarcinoma. El análisis encontró que quienes consumían bebidas a una temperatura considerada “muy caliente”, frente a quienes las tomaban tibias, presentaban un riesgo relativo 3,17 veces mayor de carcinoma de células escamosas de esófago.
El hallazgo no significa que una de cada tres personas que consume bebidas calientes vaya a desarrollar cáncer. Se trata de una asociación relativa observada en el estudio y debe interpretarse dentro del contexto del riesgo individual y de otros factores relacionados con la enfermedad.
Seis o más bebidas calientes también marcaron una diferencia
La investigación encontró además una relación entre la frecuencia de consumo y el riesgo. Las personas que consumían seis o más bebidas calientes al día presentaron un 71 % más de riesgo de carcinoma de células escamosas en comparación con quienes consumían menos de seis. En contraste, los investigadores no encontraron una asociación clara entre la temperatura de las bebidas y el adenocarcinoma de esófago, otro de los principales tipos de este cáncer.
Una de las explicaciones planteadas es el daño térmico repetido sobre el revestimiento del esófago. La exposición frecuente a temperaturas muy elevadas puede producir lesiones e inflamación en los tejidos, y esa agresión repetitiva podría participar en procesos celulares relacionados con la carcinogénesis.
Este mecanismo también es consistente con la evaluación de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que clasificó en 2016 el consumo de bebidas a temperaturas superiores a 65 °C como “probablemente carcinogénico para los humanos” (Grupo 2A).
No se trata de eliminar el café o el té
El hallazgo pone el foco principalmente en la temperatura, no en que el café o el té sean, por sí mismos, alimentos cancerígenos.
De hecho, una de las medidas prácticas que se desprenden de esta evidencia es sencilla: esperar a que la bebida disminuya su temperatura antes de consumirla, especialmente cuando está lo suficientemente caliente como para provocar ardor o quemar la boca.
Como ocurre con cualquier estudio observacional, los resultados muestran una asociación y no permiten establecer por sí solos que la temperatura de la bebida sea la causa directa de todos los casos de cáncer de esófago. Además, la temperatura habitual de consumo fue reportada por los propios participantes, lo que constituye una de las limitaciones señaladas en la interpretación de los resultados.









